martes, 10 de diciembre de 2013

CUANDO EL CUERPO HABLA MÁS QUE NUESTRAS PALABRAS...


“Mami, no quiero ir al cole…me duele la barriga…”. Así puede comenzar perfectamente la frase de un niño que sufre de dolor físico, por no poder entender o explicar que lo que le pasa es que está nervioso, preocupado o angustiado. Con el archiconocido argumento de “eso no es nada, tú lo que tienes es cuento”, a veces se ha denostado a las personas que afirman sentirse mal físicamente, aunque en las consultas médicas les aseguran que a nivel orgánico nada les ocurra. Es lo que todos hemos oído llamar como somatización.
La somatización deja más evidente que nunca la delgada línea que separa nuestro cuerpo de nuestra mente. Son manifestaciones físicas de malestar psicológico, lo cual no quiere decir que sean invenciones. Las personas que somatizan sufren de manera real, muchas veces incomprendida por ellos mismos, en desconexión total con la fuente de preocupaciones que se esconde detrás de ese dolor. Se trata de un fenómeno común que todos hemos podido sufrir alguna vez: un simple dolor de cabeza tras una pelea, un nudo en el estómago previo a un examen, que nos cueste conciliar el sueño durante un tiempo porque un pensamiento nos invade…el problema estriba en las somatizaciones a  mucha mayor escala. Hay personas que van de especialista a otro, y se sienten perdidos, viendo su salud mermada y sin que nadie les dé una respuesta satisfactoria. Cuando algún diagnóstico médico concluye “esto debe ser por ansiedad”, se culpabilizan y no entienden cómo ha podido ocurrir.
Diríamos que el cuerpo actúa como un traductor, pero a veces esta traducción no es simultánea, de ahí el desconcierto. Es decir, el malestar físico no va correlacionado al tiempo del problema. Puede ser incluso bastante después. Es cuando nuestros órganos, nuestra piel, nuestro sistema dice “ya basta, no puede seguir acumulando más”. Y eso puede tardar mucho más que la resolución de aquello que nos atormentaba. ¿Cómo podemos evitar dicha acumulación?
                -Mens sana in corpore sano. Cualquier cosa que cuidemos, se hace más fuerte, y nuestro físico no es una excepción. Cuidar lo que comemos, y sobre todo, el ejercicio físico, nos liberará de grandes tensiones, será una excelente válvula de regulación mental. Si además ese deporte nos hace disfrutar, se generarán una gran cantidad de endorfinas, las famosas “hormonas de la felicidad”. Busca una actividad que te guste y vence a la pereza.
                -With a little help for my friends. Está más que demostrado el poder terapéutico de los amigos. Para mí, una charla con alguien que te escucha, acepta y comprende es mejor que cualquier ansiolítico. No te lo quedes todo adentro si hay algo que te angustia. Busca a la persona adecuada, sea familiar, amigo o pareja, y explica qué te pasa. Ver otro punto de vista y apoyarte en alguien ayuda a liberar tensiones.
                -¡Pero si a mí no me pasa nada!! Escucha más a tu cuerpo. Te está traduciendo algo sobre ti mismo. Aunque te sientas genial, quizás te esté indicando que bajes el ritmo, o no sea más que un reflejo de algo ya superado, o puede que sea algo que no quieras asumir, y debas ocuparte de ello.
                -¿Un psicólogo? ¡Si yo no estoy loco! Los profesionales podemos ser de gran ayuda en este tipo de situaciones. Al igual que acudimos a médicos cuando algo nos duele, ¿por qué no apoyarnos en lo que pueda ofrecernos la psicología?
                -Hay algo más allá de tu propio ombligo. No te preocupes tanto por cualquier signo de malestar físico que percibas, no lo vivas con angustia…preocúpate menos y actúa más, haz cosas que te sienten bien.
Sobre todo, vivamos con más calma y seamos coleccionadores de momentos bonitos, aunque sean pequeños. Enlentece tu ritmo, disfruta de cada pequeño paso dado. Intentemos no ser devorados por el ritmo que nos imponen. Tu cuerpo siempre te lo agradecerá.  

                 

No hay comentarios:

Publicar un comentario