martes, 10 de diciembre de 2013

YO PERDONO PERO NO OLVIDO

Es obvio y evidente que a lo largo de nuestra vida, frecuentemente en nuestra relación con los demás, se nos presentan numerosas situaciones en las que tomamos la decisión de perdonar o no. Afrontamos momentos de dolor provocados por los que nos rodean que, de manera a veces intencionada, otras involuntaria, hacen o dicen algo que consideramos como hiriente. A partir de ahí, se nos puede presentar este dilema…perdonar o no perdonar, esa es la cuestión. Perdonar y olvidar, solamente perdonar, no perdonar y acumular rencor hacia esa persona, desear venganza, o llevar la venganza a cabo. Así podríamos determinar un gradiente que oscila entre el perdón total y el rencor más enconado.
El que concedamos el perdón va determinado por muy diversas circunstancias, algunas de las cuales podemos detallar:
                -Tipo de vínculo con la persona. Perdonaremos con más facilidad a alguien a quien amamos o por quien sentimos un afecto profundo, que alguien con el que no tengamos ese vínculo estrecho. Las personas que queremos disfrutan de más indulgencia por nuestra parte, ya que el daño se equilibra con más facilidad con las experiencias positivas.
                -Reincidencia. Si no es la primera vez que esa persona nos ha hecho daño, probablemente nos va a costar más trabajo cuantas más veces ocurra. El famoso “perdono pero no olvido” hace que en nuestra memoria emocional perviva una huella por pequeña que sea, que se activa cuando esta persona vuelve a hacernos algo que consideramos que nos perjudica.
                -Intencionalidad del daño. Si el daño ha sido involuntario, si el acto o la palabra no han sido realizados con el propósito directo de herirnos, el perdón es mucho más fácil de otorgar. Al fin y al cabo, ¿no cometemos también nosotros errores? ¿estamos seguros de que jamás hemos hecho daño a nadie? Al igual que es imposible que nadie nos hiera, es imposible no hacer algo que pueda ofender o molestar, aunque no sea nuestra intención. Analicémonos más y no seamos más severos con nuestro entorno de lo que seríamos con nosotros mismos.
                -Actitud de la persona. Si esta persona está francamente arrepentida, si han existido unas disculpas y/o una actitud que evidencia claramente que le importan nuestros sentimientos, perdonarla brota con más fluidez.
De todos modos, más allá de estos condicionantes, el perdón va muy determinado por nuestra propia capacidad. Existen auténticos “acumuladores de rencor”, incapaces de dejar atrás el daño que perciben que se les ha hecho. Asumen perdonar como ser débil, siendo incapaces de cuestionar que la percepción de algo que ha ocurrido puede tener muchos matices. La realidad es que las personas que saben perdonar no son más débiles, sino que viven en paz consigo mismos y con los demás.
¿Qué implica perdonar? Implica lo que nosotros consideremos oportuno. No necesariamente conlleva el reestablecimiento de la relación; de hecho,  pueden tomarse diversas vías: puedes reflexionar “esto que hiciste me hizo daño, sufrí, pero ya es pasado, no quiero que nuestras vidas vayan unidas pero no te deseo nada malo”, también puedes decidir perdonar y seguir manteniendo vínculo con esa persona, pero transformando la relación, o puedes perdonar totalmente y continuar con esa persona de la misma manera.
¿Es eso posible, perdonar completamente? ¿Sabemos vivir ausentes de rencor? Quizás si, como hemos mencionado anteriormente, somos humildes, tomamos conciencia de que nosotros también cometemos fallos, y pensamos en toda esa energía negativa que el rencor produce y lo insano de permanecer en ese sentimiento, nos replanteemos perdonar más a menudo y en mayor profundidad. Las personas con mayor número de relaciones y lazos afectivos de mayor calidad, no es simplemente porque hayan tenido más “suerte”. Es porque, quizás, han decidido perdonar aunque a veces les hayan hecho daño, porque les compensa lo positivo que esa persona les pueda seguir aportando.

No se trata de permitir que nos hieran constantemente. Tú decides qué actitud tomar cuando alguien te ha producido dolor. Tan sólo, plantéate si el hecho es tan sumamente imperdonable cuando la ira haya disminuido. La vida es muy corta para guardar rencor a nadie…¡sed felices!

ENGÁNCHATE CONMIGO...


Elijo el título de esta mítica canción de Los Rodríguez, que versa sobre el deseo de que alguien se “enganche” sentimental hablando, para reflexionar acerca de las adicciones. Vivimos en un mundo en el que las posibles adicciones nos rodean, acechándonos, persiguiéndonos como sombras…hoy en día pareciera que uno puede ser adicto a cualquier cosa: tabaco, alcohol, drogas y juego se codean con otras como la adicción a las compras, al móvil, a las redes sociales, a los videojuegos, a comer, a cuidarse demasiado, a tomar el sol…por no hablar de esa dañina adicción que es el enganche a una relación sentimental insana, o la tendencia a establecerlas y mantenerlas en el tiempo. El catálogo es tan sumamente amplio que uno siempre se siente culpable, o débil, porque es difícil no tener alguna, más de una o al menos no cuestionarse “¿tengo alguna adicción?”
La definición de adicción podríamos decir que es la dependencia o necesidad hacia una sustancia, persona o comportamiento que produce satisfacción, al menos de manera inmediata, a la persona que la padece. Para que una necesidad se eleve a la categoría de adicción, tiene que ser significativa la incidencia de la misma en la vida de la persona; es decir, que no se controle (el “yo controlo” es de las frases más comunes del que no controla nada ya), que su vida gire en torno a la consecución de lo deseado, o que la ausencia de esa sustancia, persona o actividad le genere tal ansiedad o síndrome de abstinencia que piense que no pueda soportarlo. Si la adicción empieza a gobernar nuestra vida más que nosotros mismos, quizás debemos reconocer que tenemos un problema.
Las adicciones son tan comunes porque efectivamente en la inmediatez nos producen placer. Ofrecen evasión, huida del dolor, quizás escape de la realidad, o cubrir carencias que ni sabemos que teníamos. Su presencia es tan fuerte, que cuando conseguimos librarnos de ella, la sensación de vacío resulta aterradora. A la persona adicta que acaba de salir de ese laberinto, la vida se le antoja en blanco y negro, como si faltara “algo”. Ese “algo” es la dependencia que convivía e inundaba nuestra vida. Aprender a vivir sin ella es duro, máxime cuando nuestra traicionera memoria tiñe de color de rosa los recuerdos y nos ponemos trampas del tipo de “tampoco me hacía tanto daño, en realidad no dependía tanto”, “he sido tan feliz…si lo hiciera una vez más tampoco pasaría nada”. Los seres humanos somos expertos en boicotearnos a nosotros mismos y hacernos creer lo que queramos. Pero la realidad es que sí era para tanto en la mayoría de las ocasiones. Que nuestra vida, relaciones, salud física y/o emocional estaban viéndose afectadas de verdad. Y sobre todo, la libertad personal de decidir. Cuando algo que no eres tú ocupa el centro de tu vida, nada puede ir bien. Y la realidad es que, cuando consigues librarte de una adicción, la sensación de poder y liberación es absoluta. Volver a llevar las riendas de tu propia vida es algo que no tiene precio.
Una vez escuché una frase creo que de Boris Cyrulnik, que decía algo asi como que “el hecho de que una persona sea autónoma, es saber escoger sus dependencias”. Es decir, que siempre vamos a depender hasta ciertos niveles de otros o de cosas a nuestro alrededor. Es imposible no necesitar ni a nada ni a nadie. La clave es que esas dependencias no nos dominen, no tomen el control de nuestra vida y que seamos nosotros quien conscientemente las elijamos, y no ellas a nosotros.
Sé valiente si sospechas que puedes tener una adicción que está fastidiando lo que eres, tu vida entera. Anímate a intentarlo, porque nunca va a ser el momento adecuado para hacerlo. Apóyate en seres queridos o en lo que haga falta para salir, no hay que pasar por esto completamente solo.

Y recuerda…antes de engancharte a algo o a alguien, por encima de todo, engánchate a ti mismo.


CUANDO EL CUERPO HABLA MÁS QUE NUESTRAS PALABRAS...


“Mami, no quiero ir al cole…me duele la barriga…”. Así puede comenzar perfectamente la frase de un niño que sufre de dolor físico, por no poder entender o explicar que lo que le pasa es que está nervioso, preocupado o angustiado. Con el archiconocido argumento de “eso no es nada, tú lo que tienes es cuento”, a veces se ha denostado a las personas que afirman sentirse mal físicamente, aunque en las consultas médicas les aseguran que a nivel orgánico nada les ocurra. Es lo que todos hemos oído llamar como somatización.
La somatización deja más evidente que nunca la delgada línea que separa nuestro cuerpo de nuestra mente. Son manifestaciones físicas de malestar psicológico, lo cual no quiere decir que sean invenciones. Las personas que somatizan sufren de manera real, muchas veces incomprendida por ellos mismos, en desconexión total con la fuente de preocupaciones que se esconde detrás de ese dolor. Se trata de un fenómeno común que todos hemos podido sufrir alguna vez: un simple dolor de cabeza tras una pelea, un nudo en el estómago previo a un examen, que nos cueste conciliar el sueño durante un tiempo porque un pensamiento nos invade…el problema estriba en las somatizaciones a  mucha mayor escala. Hay personas que van de especialista a otro, y se sienten perdidos, viendo su salud mermada y sin que nadie les dé una respuesta satisfactoria. Cuando algún diagnóstico médico concluye “esto debe ser por ansiedad”, se culpabilizan y no entienden cómo ha podido ocurrir.
Diríamos que el cuerpo actúa como un traductor, pero a veces esta traducción no es simultánea, de ahí el desconcierto. Es decir, el malestar físico no va correlacionado al tiempo del problema. Puede ser incluso bastante después. Es cuando nuestros órganos, nuestra piel, nuestro sistema dice “ya basta, no puede seguir acumulando más”. Y eso puede tardar mucho más que la resolución de aquello que nos atormentaba. ¿Cómo podemos evitar dicha acumulación?
                -Mens sana in corpore sano. Cualquier cosa que cuidemos, se hace más fuerte, y nuestro físico no es una excepción. Cuidar lo que comemos, y sobre todo, el ejercicio físico, nos liberará de grandes tensiones, será una excelente válvula de regulación mental. Si además ese deporte nos hace disfrutar, se generarán una gran cantidad de endorfinas, las famosas “hormonas de la felicidad”. Busca una actividad que te guste y vence a la pereza.
                -With a little help for my friends. Está más que demostrado el poder terapéutico de los amigos. Para mí, una charla con alguien que te escucha, acepta y comprende es mejor que cualquier ansiolítico. No te lo quedes todo adentro si hay algo que te angustia. Busca a la persona adecuada, sea familiar, amigo o pareja, y explica qué te pasa. Ver otro punto de vista y apoyarte en alguien ayuda a liberar tensiones.
                -¡Pero si a mí no me pasa nada!! Escucha más a tu cuerpo. Te está traduciendo algo sobre ti mismo. Aunque te sientas genial, quizás te esté indicando que bajes el ritmo, o no sea más que un reflejo de algo ya superado, o puede que sea algo que no quieras asumir, y debas ocuparte de ello.
                -¿Un psicólogo? ¡Si yo no estoy loco! Los profesionales podemos ser de gran ayuda en este tipo de situaciones. Al igual que acudimos a médicos cuando algo nos duele, ¿por qué no apoyarnos en lo que pueda ofrecernos la psicología?
                -Hay algo más allá de tu propio ombligo. No te preocupes tanto por cualquier signo de malestar físico que percibas, no lo vivas con angustia…preocúpate menos y actúa más, haz cosas que te sienten bien.
Sobre todo, vivamos con más calma y seamos coleccionadores de momentos bonitos, aunque sean pequeños. Enlentece tu ritmo, disfruta de cada pequeño paso dado. Intentemos no ser devorados por el ritmo que nos imponen. Tu cuerpo siempre te lo agradecerá.  

                 

lunes, 7 de octubre de 2013

"POR QUÉ CUANDO DIGO NO...¿AL FINAL ES QUE SÍ?"

La cuestión de los límites en las relaciones, de aquello que no deseamos hacer y al final accedemos, de las veces en las que nos sentimos abocados por nuestro entorno a contrariar nuestras necesidades, ideas o expectativas, es una cuestión que ocupa gran parte de la psicología, de las consultas, de los libros de autoayuda, y un largo etcétera.
Y es que realmente es un tema crucial: dónde acaba el respeto a uno mismo y dónde comienza el egoísmo. ¿Debo anteponerme a los demás? ¿Escucharme a mí mismo sobre todo lo demás puede terminar en hacerme creer que mi ombligo es el único que cuenta?
El cuidado a uno mismo, siendo algo que avanza en nuestra sociedad, sigue estando excesivamente conectado con el aspecto físico. Ahora hacemos más deporte, cuidamos más nuestra alimentación y nos preocupamos por llevar un estilo de vida saludable, lo cual, sin lugar a dudas, reporta beneficios a nuestro organismo; pero ¿dónde queda el cuidado de nuestra psique, de nuestro interior? Los límites que establezco con los demás son una parte importante de ese cuidado emocional, contribuyendo ello a su vez, y en contra de lo que popularmente se cree, al beneficio de los demás.
La cadena es muy sencilla: si yo estoy bien, si hago las cosas porque deseo hacerlas, y no porque tú desees que yo las haga, estaré bien contigo. Si estoy bien contigo, el beneficio es mutuo y se expande. No se trata de no hacer nada por los demás. Se trata de ese poderoso verbo: ELEGIR. Ser consciente de mis elecciones, y de en qué se basan éstas. A veces decimos “no tuve otra elección”. Esa frase es un gran error. Siempre hay elección, por mínima que ésta sea. Cuando hacemos algo que no queremos por una persona, y nos sentimos mal, deprimidos, vacíos porque percibimos que damos sin recibir, quizás son otras las cuestiones de fondo: elegimos a la persona equivocada para dar, sentimos que merecemos una recompensa que, en el fondo, nadie nos garantizó,  o la culpabilidad que íbamos a sentir por no llevarlo a cabo se nos antojaba insoportable. ¿Cómo puedo establecer estos límites?
                -Los cimientos de una casa predicen su fortaleza. Es mucho más fácil si, desde el principio de la interacción con alguien, somos muy conscientes de aquello que no vamos a tolerar y aquello en lo que podemos ceder. Siempre se pueden modificar las relaciones, es algo vivo y flexible, pero desde el principio todo nos resultará más fácil.
                -“Es que si yo no lo hago, ocurrirá una catástrofe”. ¿Es realmente eso cierto? ¿Son tan indispensables nuestras acciones que las personas de alrededor no pueden vivir sin ellas? A no ser que hablemos de alguien en real dependencia (un bebé, por ejemplo), las personas no dependen tanto de nosotros. Si lo hacen, hay que plantearse en qué hemos contribuido nosotros en la creación de esa dependencia, y si realmente la queremos.
                -“Se enfadará conmigo, no lo puedo soportar”. Plantéate si el no respetar nunca tus deseos no va a ser a largo plazo mucho más dañino que un enfado o un posible chantaje emocional. Éstos pueden ser dolorosos, pero a corto plazo. Sé fuerte y valiente; si te atreves, al principio la culpabilidad te atormentará, pero si lo repites, experimentarás una sensación muy liberadora.
                -“Los demás no lo van a aceptar”.  Siento darte una mala noticia: es muy probable. Si antes decías sí a todo aunque no quisieras, y de repente cambias ese patrón, tu entorno se sorprenderá, e incluso puede que no reaccione positivamente. Pero eso no debe desalentarte. Permanecerán a tu lado las personas que realmente quieran que estés bien. Aunque sean menos.
Sé consciente de tus elecciones, escúchate un poquito y medita sobre aquello que no te hace sentir bien, los límites son buenos, de hecho, son maravillosos y absolutamente necesarios. Di sí y no cuando lo desees, o cuando consideres que es oportuno. Pero no te sientas en una prisión, cualquiera que sea la relación establecida. ELIGE vivir a tu manera.
               


miércoles, 25 de septiembre de 2013

LOS CHICOS...NO LLORAN??


Como saben los que conocen a la que aquí escribe, soy una firme defensora de la igualdad entre hombres y mujeres. A menudo a lo largo de estos años he tenido que soportar burlas de quienes no entendían mi posición, alegando que defendía la superioridad de un género sobre otro. Nada más lejos de la realidad. Es evidente que, a lo largo de los siglos, y en todas las culturas, ha existido una desigualdad en derechos y oportunidades tanto en la vida privada como en la pública entre mujeres y hombres, siendo la parte perjudicada la mujer. Esto ha devenido en que no hayamos podido ser ciudadanas de pleno hecho y derecho y que no hayamos gozado de una libertad real para desarrollarnos, circunstancia que de forma lenta pero segura creo que va avanzando y mejorando, aunque no debemos olvidar que la igualdad sigue siendo un lejano horizonte casi utópico para muchas mujeres alrededor del mundo.
Dicho esto, hoy quería hablar de mujeres y hombres, pero dedicándome al hombre. Quería reflexionar sobre lo que muchos estudios llaman “las nuevas masculinidades”. En concreto, hablar sobre el hombre sensible o que muestra su sensibilidad. Obviamente no es un uniforme, hay una pluralidad de hombres sensibles. Pero lo que todos ellos encuentran, en menor o mayor medida, es una falta de comprensión en su entorno.
Decimos que debemos tener libertad más allá del género de ser como queramos ser. Sin embargo, un hombre que muestra sus emociones, que llora en público o es sensible ante diversas circunstancias, es tildado de “débil”, “femenino” o “exagerado”, o es blanco de bromas aparentemente bien intencionadas. Cuántas veces habré escuchado la expresión “parece una tía…” para referirse a algún chico. Pareciera que queremos igualdad, pero por otro lado pretendemos que el hombre siga encajando en el mismo cliché que ya poco tiene que ver con muchos hombres en la actualidad. Que sientan, pero no demasiado, que se emocionen, pero hasta cierto punto, que se entristezcan y lloren, siempre que los demás consideren que es suficientemente grave lo ocurrido. ¿Quién decide cómo debemos sentirnos, quién sabe lo que es “normal” o no? Y mientras ocurren estas críticas, contribuimos a volver a encasillar en el modelo tradicional a estos chicos, como si los seres humanos fuéramos artículos aburridamente clasificados en cajas.
Ser sensible no quiere decir que no se sea fuerte. Como mujeres, se nos permite llorar, tardar en superar un despido o una ruptura, expresar amor y pedirlo. Dejemos que los hombres también puedan hacerlo sin que por ello tengan que ser menos “masculinos”. Para mí, siempre ha sido un signo de valentía mostrar emociones, implica un riesgo abrirse a los demás y merecen mi admiración las mujeres y los hombres que lo hacen.

No hay lista de consejos como otros días. Solamente me resta decir que los chicos sí que lloran, ¡claro que lo hacen! Al hombre que nunca haya llorado mientras alguien le toma de la mano, le animo a que lo intente algún día. Es tremendamente liberador. Quizás mujeres y hombres podamos ayudarnos a construir y a ser mejores en libertad e igualdad, en vez de estar enfrentados como si fuéramos enemigos. Todos somos personas. Todos somos humanos. 

martes, 25 de junio de 2013

MIS AMIGOS, MI FAMILIA ELEGIDA




Hemos escuchado toda nuestra vida la tan famosa frase de “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”. La amistad goza de mucha importancia en las frases que acostumbramos a decir, tales como “amigos se pueden contar con los dedos de una mano” (que siempre habrá alguien que apostille ¡y te sobran dedos!), “amigos para las alegrías hay muchos, para las penas pocos”, “los amigos son aquellos que aparecen sin ser llamados”, y un interminable etcétera. Yo me quedo sin lugar a dudas con la frase que he leído en un libro de Álex Rovira, titulado “Un corazón lleno de estrellas” y que dice queLos amigos son la familia espiritual que escogemos para el viaje de la vida”. Me ha gustado tanto y me parece tan acertada que ha servido de inspiración para este artículo, incluido su título.
¿Qué importancia ocupa la amistad en nuestra vida, hemos pensado alguna vez sobre ello? ¿Cómo son mis amigos? ¿Por qué elegimos esas amistades, y no otras?
 Un estudio realizado en Australia demostraba que las personas mayores que poseían amistades alcanzaban mayor esperanza de vida. Sin embargo, no era tan significativo el contacto con familiares, reflejando dicho estudio quizás una de las claves del valor de los amigos: la elección voluntaria. Es una relación humana elegida, que uno desarrolla porque le proporciona satisfacción, alegría, apoyo. Elegimos a nuestros amigos a veces por semejanza con nuestra forma de ser, y otras veces por complementariedad, porque ellos tienen algo que nosotros consideramos que nos falta. Asimismo, tenderemos a hacernos más amigos de aquellos con los que la relación sea más positiva y gratificante. Como en todas las relaciones humanas, las personas buscamos reciprocidad, y las amistades en las que dichas personas se sientan correspondidas se consolidarán con mayor seguridad. Es una de las formas más desinteresadas de amor. En las relaciones de pareja, donde la relación es más compleja y relevante, a menudo suele haber más conflictos y dificultades, porque exigimos más, esperamos más de ella, nos frustramos, hay más variables en juego como la atracción sexual o el enamoramiento. Sin embargo, la amistad goza de mayor libertad, el nivel de tolerancia con los defectos de un amigo es mayor, pedimos menos a cambio.
¿Qué define a una amistad sana y duradera? Los valores básicos son el respeto, la confianza, el cariño, y por encima de todo, la lealtad. Si una amistad goza de lealtad, si esa persona juega incondicionalmente en tu equipo, hagas lo que hagas, y te defiende y apoya contra viento y marea, hay que darse por muy afortunado. Porque esa es la amistad más pura.
Hoy no hay listado de consejos. Sólo uno enorme: cultivad la amistad, valoradla, cuidadla. No abandonéis a los amigos según el estado de vuestra vida. No los convirtáis en algo secundario que rellena espacios cuando no estoy con mi pareja, con mis hijos, o mi familia. La amistad es esencial para nuestra felicidad. Ciertamente es uno de los tesoros que la vida nos va a regalar. No nos lo perdamos. 

Dedicado a mis amigas y amigos, a los que están a mi lado y a los que a pesar de la distancia siento cerca, a los que llevan conmigo toda la vida y a los que llegaron hace menos tiempo pero pisando con fuerza, sabéis quiénes sois y lo afortunada que me siento de que estéis en mi vida. Gracias,siempre.

martes, 4 de junio de 2013

YO DE MAYOR QUIERO SER...¡YO MISMO!



Cuántas veces imaginábamos en la más tierna infancia cómo seríamos de mayores…proyectábamos una vida que se nos antojaba como ideal, y pensábamos en ser artistas, astronautas, en casarnos o no, en viajar hacia lejanos mundos…esa visión de cómo queríamos ser cambiaba a medida íbamos creciendo, decidíamos adoptar otros caminos, o los tomábamos sin saber muy bien si lo habíamos decidido voluntariamente o nos habíamos dejado llevar.
Quién quieres ser, en cierto modo, no deja de ser una cuestión que nos interesa durante toda la vida. Cuando somos adolescentes buscamos parecernos a nuestros amigos lo máximo posible, porque nos sentimos perdidos buscando nuestra identidad, y cuando crecemos, pareciera que queremos ser distintos, especiales y únicos...
Enmedio de todas estas contradicciones y dilemas, a veces puede olvidársenos el centro de la cuestión, la esencia: quién soy yo.No a quién me parezco, no de quién me diferencio. No a quién gusto o a quién caigo mal. Simplemente, quién forma ese yo con el que convivo día a día. Sócrates decía aquello de “conócete a ti mismo”, y no podía tener más razón. La psicología, los demás, todo el mundo está de acuerdo en que lo importante es quererse y valorarse. Es cierto, pero yo pondría el acento en que lo básico es conocerse. Muchas de las elecciones que hacemos en la vida que después calificamos de erróneas, es porque no hemos hecho realmente lo que queríamos, porque hemos buscado una pareja que no era compatible con nuestro verdadero yo, porque no nos hemos respetado, ya que no sabíamos quiénes éramos.
Conocerse es un proceso que dura toda la vida, pero ¿qué podría ayudarnos a acercarnos a nosotros mismos?
                -Busca tu pasión. No tiene por qué ser el trabajo, o una pareja. Tu pasión es aquello que te entusiasma, que saca algo bueno de ti, que te hace feliz. Cultivar alguna afición, hacer algo creativo, lo que se te ocurra, tendrá un efecto maravilloso en ti. Prueba, busca, hasta que dés con ello. Vence a la pereza y al miedo. En la vida tiene que existir una pasión, ella te acercará a quién eres.
                -Pregúntate tu opinión. Escucha a los demás, pero escúchate a ti. No te dejes llevar por lo que está de moda si es que no te gusta, no quieras siempre complacer a los otros, porque te perderás. Sé valiente y defiende en lo que crees.
                -Dale a la tecla de “pause”. Ya lo hablábamos con el problema de no tener tiempo, pero es tan necesario parar...si no pasas tiempo contigo mismo, a solas, es difícil que llegues a encontrarte. Busca tus momentos.
             -No eres una imitación, eres alguien único. Esto que puede ser un tópico, es difícil llevarlo a la práctica. Somos seres sociales que necesitamos sentirnos aceptados. Inspírate en personas que admires, en cosas que te transmitan, pero no quieras ser otra persona. Si eres auténtico, eso se transmite y siempre habrá gente que te quiera por ello.
De mayor deberíamos querer ser, simplemente, nosotros mismos. Sé tu mejor versión, siempre estás a tiempo. ¡Buena suerte en la búsqueda!

miércoles, 15 de mayo de 2013

¡ESTO ES LA GOTA QUE COLMA EL VASO! (EL SUCESO CLAVE…)



A veces en la vida tiene que ocurrirte algo, enorme, pequeño, importante u objetivamente insignificante, para que tu universo, aunque sea por unos instantes, se derrumbe. Eso es a lo que llamo sucesos clave, que no es otra cosa que la famosa gota que colma el vaso. Es una metáfora acertadísima, ya que normalmente suele ser una gota en un océano...en un océano de experiencias, de emociones, de acontecimientos vitales de los que no hemos hecho digestión, porque no nos damos el tiempo de respirar...

Y de repente, cuanto más sumido estás en tu vorágine, llega el suceso clave. Que por definición suele ser algo bastante pequeño, incluso absurdo, pero que nos provoca una reacción desproporcionada, ya sea positiva o negativamente. Y algo nos sacude dentro y de repente sentimos la imperiosa necesidad de parar, de replantearnos. Se produce una de estas crisis personales que, necesarias o no, inevitablemente van a acompañarnos en el viaje...pues los sucesos clave son las bisagras de tus crisis. Abren la puerta hacia otro sitio, futuro, desconocido. Las crisis vitales van de la mano de sentimientos encontrados, sensación de inestabilidad, un sentimiento de no pertenencia con lo que hasta ayer encajaba…es como si, de repente, te estuvieras poniendo tu misma camiseta, sólo que sin saber por qué, te queda pequeña y no te gusta su color. Y a los seres humanos, que somos animales de costumbres, no nos gustan las crisis que acompañan a los cambios.

¿Cómo identifico un suceso clave? ¿Qué hago para afrontar la crisis vital que parece que se me está viniendo encima, que se fragua como una tormenta sobre mí?

            -Esto ha superado mis límites. Cuando pronunciamos esa frase, es porque acaba de ocurrirnos un suceso clave. Puede ser que sea la pelea más irrelevante, pero es la que te decide para romper con tu pareja. Puede ser que tu jefe te ha pedido peores tareas otras veces, pero la última ha sacudido algo dentro de ti. Si sientes que algo te hace reaccionar mucho, si no es proporcionado lo que ha pasado a la reacción que se desencadena, ha llegado el suceso clave.

            -Y ahora… ¿qué hago? Parar. Parar en el sentido figurado, porque la vida nunca se para, pero sí tomarse un tiempo para estar con uno mismo. Los muebles de tu casa, de tu mente, están desordenados, y para saber qué quieres, tienes que sentarte contigo mismo y reordenar. El suceso clave es una señal de stop. Si no atiendes a ella, no te estás cuidando.

-No sé por dónde tirar, no sé qué es lo que quiero hacer. Cuestionarse es de las mejores cosas que una persona puede hacer consigo mismo. No constantemente, pero del cuestionamiento nació la filosofía, la ciencia, nos hace ser mejores. Ya sabrás qué es lo que quieres hacer. No tienes por qué decidir ahora mismo. Por lo pronto, ve haciendo cosas que escapen a tu rutina. Pasa tiempo con gente que valoras y que te aportan, haz algún viaje…cuando nuestra vida no nos cuadra, hacer cosas distintas nos puede aportar otra visión. Quizás la gente de tu alrededor no te entienda, pero lo esencial es que logres entenderte a ti mismo.

-¿Y si al final no cambio nada? Esa es siempre tu decisión. A lo mejor lo revisas todo y te das cuenta de que tu vida te satisface. Esta crisis entonces, te hará volver con ganas renovadas. Si por el contrario hay aspectos que no te gustan, no te sientas en la obligación de cambiar. Pero es importante ser coherente y asumir que no hemos cambiado porque sea por el motivo que sea, no nos hemos atrevido.

Asi que tengamos los ojos bien abiertos y la conciencia despierta, para saber interpretar las señales que nuestra propia vida nos da. Una vida dormidos quizás es más cómoda, pero mucho menos feliz. Atrevámonos a soñar con un futuro mejor.

miércoles, 17 de abril de 2013

BÉSAME, BÉSAME MUCHO...


Conocer que el 13 de Abril se celebró el Día Internacional del Beso me ha sugerido que este artículo vaya dedicado a esto mismo: el beso, y por extensión, el contacto físico en toda su dimensión afectiva y relacional. Se ha estudiado mucho acerca de la importancia del contacto físico en bebés, señalando que las muestras de afecto y de amor que realicemos a los más pequeños, condicionarán no sólo su seguridad y sentimiento de protección, sino incluso su desarrollo intelectual y su sistema inmunológico. El tacto es, además, junto con el olfato, uno de los sentidos que se desarrolla con más rapidez. Antes que verte, un bebé puede olerte y sentir placer y alegría al ser abrazado. Y, además, un bebé que se sienta querido será un niño que aprenda más y mejor, autónomo y sociable, capaz de mayores rendimientos y mejores relaciones con su entorno.

¿Y a nosotros los mayores? ¿Nos beneficia en algo el contacto físico? ¿Somos más felices cuanto más contacto físico damos y recibimos?

El término proxemia hace referencia a la percepción y el uso que el ser humano hace de su espacio personal. Está influido por determinantes culturales y diferencias individuales. Así, hablaremos más cerca y tocaremos con mayor frecuencia a un ser querido que a alguien en nuestro entorno laboral. La cultura ha condicionado mucho la forma de relacionarnos con nuestro entorno, ya que hay algunas más restrictivas que otras en las manifestaciones de cariño, sobre todo realizadas en público. Lo cierto es que, aunque se hace especial énfasis en la importancia del contacto físico con los bebés y niños para su crecimiento, no deja de ser relevante sentir a los demás a lo largo de toda nuestra vida. Las expresiones de afecto pueden ser variadas, pudiendo ser verbales, o demostrándolo a través de actos. Sin embargo, nada sustituye al poder de un abrazo o un beso, sobre todo cuando sentimos que no estamos bien.

Publicaciones estiman que es saludable recibir un mínimo de cuatro abrazos al día. Escritoras como Elsa Punset, indican que el abrazo debe durar más de seis segundos para que exista un impacto a nivel químico en el cerebro. Estar en conexión con los demás implica no tener miedo al contacto, y no reducirlo únicamente a la esfera sexual. Saber dar besos y abrazos es tan importante como estar preparados para saber recibirlos. A menudo, por timidez o inseguridad, las personas pueden retraerse de demostrar y pedir más cariño. Yo apuesto porque mejoremos en naturalidad a la hora de tocar a los demás, que nos liberemos del miedo al rechazo. ¿Cómo puedo mejorar el contacto físico con los demás?

-Mímate a ti mismo. Abrazarse a uno mismo puede ser una empresa sumamente complicada, pero hay otras maneras de hacerse “caricias”. Cuidar nuestro cuerpo, hacernos regalos como un masaje, comer de forma sana, bailar, incluso disfrutar de los rituales físicos de higiene, harán que te sientas más a gusto en tu piel y que estés más abierto a que los demás entren en contacto contigo.

-Si necesitas algo, atrévete a pedirlo. Si realmente necesitas un abrazo o un beso, ¿qué más da pedirlo abiertamente? Lo peor que puede pasar es que simplemente te digan que no, cosa que no es muy importante, y que, además, no es frecuente...atrévete a pedir afecto y te sorprenderás...

-No dejes para mañana el beso que puedas dar hoy. La rutina, el cansancio, incluso la timidez a la que nos referíamos anteriormente, pueden hacer que refrenemos nuestras ganas de expresar cariño. No dejemos que nos invadan, ya que demostrar amor en cualquiera de sus formas, es una de las acciones más bonitas que puede hacer un ser humano, y de las más gratificantes.

-El amor no se mide en metros. Con esta frase me refiero a que no estemos siempre midiendo si el de enfrente nos da más o menos cariño, si yo le doy más besos..actuemos con más naturalidad, y si vas a demostrar afecto, que sea por el gusto de hacerlo. Si no estamos siempre vigilando si somos exactamente correspondidos, la felicidad por lo que recibamos, sea en la cantidad que sea, aumentará.

Asi que me gustaría que después de leer esto, penséis a quién os gustaría sinceramente abrazar, besar o acariciar, y que os propongáis hacerlo, sin más, porque os apetece...ya que el cariño es una red que se expande...y así, quién sabe, igual contribuimos a que este mundo se transforme en un lugar mejor...