Yo ya no
quiero vivir con los temores
que prefiero entregarme a la ilusión
y lo que creo, defenderlo con firmeza,
sin historias que me abulten el colchón
Y si un día me siento transformado
y decido reorientar la dirección,
tomaré un nuevo rumbo sin prejuicios
porque en el cambio está la evolución
que prefiero entregarme a la ilusión
y lo que creo, defenderlo con firmeza,
sin historias que me abulten el colchón
Y si un día me siento transformado
y decido reorientar la dirección,
tomaré un nuevo rumbo sin prejuicios
porque en el cambio está la evolución
(Dibujo en el aire- Chambao)
Que la vida es puro
cambio y transformación justo desde el momento en que respiramos el primer
aliento de nuestra vida es un hecho. Que vivimos en un mundo de una fragilidad
creciente, en donde nuestras vidas experimentan una inestabilidad personal,
laboral y sentimental constante, y en el que toca adaptarnos a muchas diversas
situaciones, no es algo que no sepamos. Sin embargo, nos resistimos con todas
nuestras fuerzas a realizar cualquier cambio, pretendiendo permanecer en
momentos o situaciones de manera estática, y fracasando en ese intento, ya que,
si no fluimos con la vida, los que nos quedamos atrás seremos nosotros…
Si buscas resultados distintos, no
hagas siempre lo mismo
(Albert Einstein)
Esta frase de apariencia simple, formulada por el genial Einstein, hace
alusión a una gran incoherencia que aqueja al ser humano en mayor o menor
medida: sí, estamos hartos. Sí, estamos aburridos, tristes, no nos gustan
nuestras circunstancias o nuestra manera de afrontar la vida. Sin embargo, nos
declaramos impotentes ante la posibilidad de cambiar. Cerramos los ojos y
deseamos que todo fuera distinto…eso sí, sin que ello represente salir de la archiconocida
zona de confort.
¿Por qué nos resistimos tanto a
cambiar?
El miedo a lo desconocido es lo que principalmente nos paraliza. La
energía y la fuerza que hay que invertir para revolucionar algo en tu vida nos
producen angustia y pereza. Y, por supuesto, los efectos secundarios que llevan
aparejados siempre los cambios, incluso en el supuesto de que éstos sean
deseados y planeados: inestabilidad emocional, sintiéndote como si tus
emociones ya no fueran de tu dominio, las reacciones de tu contexto, que a
veces no entienden y/o no apoyan tus cambios de rumbo, el vértigo que supone
redirigir un proyecto vital, un sentimiento de extrañeza con lo que antes era
normal…sensaciones muy intensas para las que a menudo no estamos preparados. La
mayor parte de las veces el cambio merece la pena. Como dice la frase, “penar”
por este proceso y ver sus resultados es algo maravilloso. Porque siempre
supone un aprendizaje y porque si hay algo que le sienta mal al ser humano, es
precisamente el no tomar decisiones. Como referíamos más arriba, permanecer en
“momentos estanque” es necesario durante un tiempo determinado que nos sirva de
reflexión. Ahora, si ese momento estanque se hace perdurable en el tiempo, no
nos produce más que malestar. Las decisiones pueden ser mejores o peores, eso
solamente se verá con el paso del tiempo. Pero implican acción e intención,
proyectos, horizontes vitales, asi que tomarlas siempre nos sentará bien.

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