jueves, 16 de octubre de 2014

QUIERO HACER UN CAMBIO...¡PERO NO ME ATREVO!! - PARTE 1

 Yo ya no quiero vivir con los temores
que prefiero entregarme a la ilusión
y lo que creo, defenderlo con firmeza,
sin historias que me abulten el colchón

Y si un día me siento transformado
y decido reorientar la dirección,
tomaré un nuevo rumbo sin prejuicios
porque en el cambio está la evolución
(Dibujo en el aire- Chambao)

Que la vida es puro cambio y transformación justo desde el momento en que respiramos el primer aliento de nuestra vida es un hecho. Que vivimos en un mundo de una fragilidad creciente, en donde nuestras vidas experimentan una inestabilidad personal, laboral y sentimental constante, y en el que toca adaptarnos a muchas diversas situaciones, no es algo que no sepamos. Sin embargo, nos resistimos con todas nuestras fuerzas a realizar cualquier cambio, pretendiendo permanecer en momentos o situaciones de manera estática, y fracasando en ese intento, ya que, si no fluimos con la vida, los que nos quedamos atrás seremos nosotros…
Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo
(Albert Einstein)
Esta frase de apariencia simple, formulada por el genial Einstein, hace alusión a una gran incoherencia que aqueja al ser humano en mayor o menor medida: sí, estamos hartos. Sí, estamos aburridos, tristes, no nos gustan nuestras circunstancias o nuestra manera de afrontar la vida. Sin embargo, nos declaramos impotentes ante la posibilidad de cambiar. Cerramos los ojos y deseamos que todo fuera distinto…eso sí, sin que ello represente salir de la archiconocida zona de confort.
¿Por qué nos resistimos tanto a cambiar?

El miedo a lo desconocido es lo que principalmente nos paraliza. La energía y la fuerza que hay que invertir para revolucionar algo en tu vida nos producen angustia y pereza. Y, por supuesto, los efectos secundarios que llevan aparejados siempre los cambios, incluso en el supuesto de que éstos sean deseados y planeados: inestabilidad emocional, sintiéndote como si tus emociones ya no fueran de tu dominio, las reacciones de tu contexto, que a veces no entienden y/o no apoyan tus cambios de rumbo, el vértigo que supone redirigir un proyecto vital, un sentimiento de extrañeza con lo que antes era normal…sensaciones muy intensas para las que a menudo no estamos preparados. La mayor parte de las veces el cambio merece la pena. Como dice la frase, “penar” por este proceso y ver sus resultados es algo maravilloso. Porque siempre supone un aprendizaje y porque si hay algo que le sienta mal al ser humano, es precisamente el no tomar decisiones. Como referíamos más arriba, permanecer en “momentos estanque” es necesario durante un tiempo determinado que nos sirva de reflexión. Ahora, si ese momento estanque se hace perdurable en el tiempo, no nos produce más que malestar. Las decisiones pueden ser mejores o peores, eso solamente se verá con el paso del tiempo. Pero implican acción e intención, proyectos, horizontes vitales, asi que tomarlas siempre nos sentará bien.

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