La palabra y/o el concepto de crítica se
ha convertido en un elemento muy común en nuestro vocabulario, en nuestras
conversaciones y en el conjunto de nuestra sociedad. Criticamos, hablamos de la
autocrítica, de aquellos otros que lo hacen…y sin embargo, ¿tenemos claro qué
es la acción de criticar? ¿Existe la crítica constructiva? ¿Somos capaces de
ejercer la autocrítica?
Desmontando
conceptos…
El concepto de crítica es el que sigue: “Conjunto
de opiniones o juicios que responden a un análisis y que pueden resultar
positivos o negativos.” Esto es muy importante, ya que existe una tendencia
generalizada a creer que crítica y valoración negativa son términos sinónimos,
sin ser esto real. La filosofía concebía la crítica como el discernimiento de
la verdad. Se trata de valorar, evaluar una persona, acto u obra artística
desde una perspectiva en la que te permita ver el conjunto de sus
características, tanto positivas como negativas, partiendo de la supuesta
premisa de que la persona que ejerce dicha crítica tiene los conocimientos
necesarios para efectuarla.
Hasta aquí, llega la teoría. Sin embargo,
y de forma desgraciadamente frecuente, la crítica se convierte, simplemente, en
realizar juicios principalmente negativos sobre algo y/o alguien, contando
además con pocos elementos para realizarla. Dicho de otra manera: criticamos en
demasía, con poca información sobre lo que estamos criticando y añadiéndole un
exceso de dureza que no querríamos que practicaran con nosotros mismos.
Crítica constructiva…¿mito o realidad?
La crítica constructiva es aquella que no
se dirige a destruir, sino a ayudar a mejorar. No tiene como objetivo central
la condena de esa persona o actividad sin más aprendizaje, sino que persigue
contribuir a la mejora y a la evolución del objeto de crítica, aportar una
visión distinta que pueda hacer que se experimente un cambio. Para que una
crítica sea constructiva, es esencial no usar términos que puedan dañar y
entren en la pura descalificación, no globalizar empleando términos absolutos
(no sirves para NADA, NUNCA vas a hacerlo bien), e incluir aspectos positivos y
negativos, para que dicha crítica sea equilibrada. (“Esta película resulta
lenta de ritmo y el guión es flojo, sin embargo, la interpretación del protagonista
es brillante”).
Autocrítica
y equilibrio: el arte de no pasarse sin quedarse corto
Muchos artículos sobre psicología y autoestima
directamente pretenden eliminar la autocrítica de nuestra forma de pensar,
argumentando que hace que tengamos un pobre autoconcepto de nosotros mismos.
Nada más lejos de la realidad. Nada hay
más peligroso que considerar que lo que pensamos y hacemos es siempre lo
correcto. Esto nos erige en una atalaya por encima de los demás y nos dificulta
en gran medida nuestras relaciones con los demás, ya que, si carecemos de esa
auto-evaluación, si no somos conscientes de aquellos aspectos positivos y
negativos que todos tenemos, pensando que el error no existe en nuestra forma
de actuar, construiremos una barrera alrededor de nosotros mismos. De igual
modo, desvalorizarnos constantemente, ejerciendo una crítica negativa continua
sobre nuestra forma de ser, nos generaría infelicidad, culpándonos de todo lo
que nos rodea.
La psicología, al igual que la vida, se
basa en la delicada habilidad de mantener el equilibrio, asi que y como
propuesta de vida, podemos plantearnos ser más indulgentes con los demás,
valorar lo positivo y negativo que poseen, y no estar ciegos ante nuestras
faltas. Aunque los demás así lo hagan, podemos empezar por ejercer nosotros el
cambio. Además, ya conocéis el dicho…si critican…¡que critiquen! ¡sed felices!

No hay comentarios:
Publicar un comentario