A veces en la vida tiene que
ocurrirte algo, enorme, pequeño, importante u objetivamente insignificante,
para que tu universo, aunque sea por unos instantes, se derrumbe. Eso es a lo
que llamo sucesos clave, que no es otra cosa que la famosa gota que colma el
vaso. Es una metáfora acertadísima, ya que normalmente suele ser una gota en un
océano...en un océano de experiencias, de emociones, de acontecimientos vitales
de los que no hemos hecho digestión, porque no nos damos el tiempo de
respirar...
Y de repente, cuanto más sumido
estás en tu vorágine, llega el suceso clave. Que por definición suele ser algo
bastante pequeño, incluso absurdo, pero que nos provoca una reacción
desproporcionada, ya sea positiva o negativamente. Y algo nos sacude dentro y
de repente sentimos la imperiosa necesidad de parar, de replantearnos. Se
produce una de estas crisis personales que, necesarias o no, inevitablemente
van a acompañarnos en el viaje...pues los sucesos clave son las bisagras de tus
crisis. Abren la puerta hacia otro sitio, futuro, desconocido. Las crisis
vitales van de la mano de sentimientos encontrados, sensación de inestabilidad,
un sentimiento de no pertenencia con lo que hasta ayer encajaba…es como si, de
repente, te estuvieras poniendo tu misma camiseta, sólo que sin saber por qué,
te queda pequeña y no te gusta su color. Y a los seres humanos, que somos
animales de costumbres, no nos gustan las crisis que acompañan a los cambios.
¿Cómo identifico un suceso clave?
¿Qué hago para afrontar la crisis vital que parece que se me está viniendo
encima, que se fragua como una tormenta sobre mí?
-Esto ha superado mis límites. Cuando
pronunciamos esa frase, es porque acaba de ocurrirnos un suceso clave. Puede
ser que sea la pelea más irrelevante, pero es la que te decide para romper con
tu pareja. Puede ser que tu jefe te ha pedido peores tareas otras veces, pero
la última ha sacudido algo dentro de ti. Si sientes que algo te hace reaccionar
mucho, si no es proporcionado lo que ha pasado a la reacción que se desencadena,
ha llegado el suceso clave.
-Y ahora… ¿qué hago? Parar. Parar en el
sentido figurado, porque la vida nunca se para, pero sí tomarse un tiempo para
estar con uno mismo. Los muebles de tu casa, de tu mente, están desordenados, y
para saber qué quieres, tienes que sentarte contigo mismo y reordenar. El
suceso clave es una señal de stop. Si no atiendes a ella, no te estás cuidando.
-No sé por dónde tirar, no sé qué es lo que
quiero hacer. Cuestionarse es de las mejores cosas que una persona puede
hacer consigo mismo. No constantemente, pero del cuestionamiento nació la
filosofía, la ciencia, nos hace ser mejores. Ya sabrás qué es lo que quieres
hacer. No tienes por qué decidir ahora mismo. Por lo pronto, ve haciendo cosas
que escapen a tu rutina. Pasa tiempo con gente que valoras y que te aportan,
haz algún viaje…cuando nuestra vida no nos cuadra, hacer cosas distintas nos
puede aportar otra visión. Quizás la gente de tu alrededor no te entienda, pero
lo esencial es que logres entenderte a ti mismo.
-¿Y si al final no cambio nada? Esa es
siempre tu decisión. A lo mejor lo revisas todo y te das cuenta de que tu vida
te satisface. Esta crisis entonces, te hará volver con ganas renovadas. Si por
el contrario hay aspectos que no te gustan, no te sientas en la obligación de
cambiar. Pero es importante ser coherente y asumir que no hemos cambiado porque
sea por el motivo que sea, no nos hemos atrevido.
Asi que
tengamos los ojos bien abiertos y la conciencia despierta, para saber
interpretar las señales que nuestra propia vida nos da. Una vida dormidos
quizás es más cómoda, pero mucho menos feliz. Atrevámonos a soñar con un futuro
mejor.
