miércoles, 17 de abril de 2013

BÉSAME, BÉSAME MUCHO...


Conocer que el 13 de Abril se celebró el Día Internacional del Beso me ha sugerido que este artículo vaya dedicado a esto mismo: el beso, y por extensión, el contacto físico en toda su dimensión afectiva y relacional. Se ha estudiado mucho acerca de la importancia del contacto físico en bebés, señalando que las muestras de afecto y de amor que realicemos a los más pequeños, condicionarán no sólo su seguridad y sentimiento de protección, sino incluso su desarrollo intelectual y su sistema inmunológico. El tacto es, además, junto con el olfato, uno de los sentidos que se desarrolla con más rapidez. Antes que verte, un bebé puede olerte y sentir placer y alegría al ser abrazado. Y, además, un bebé que se sienta querido será un niño que aprenda más y mejor, autónomo y sociable, capaz de mayores rendimientos y mejores relaciones con su entorno.

¿Y a nosotros los mayores? ¿Nos beneficia en algo el contacto físico? ¿Somos más felices cuanto más contacto físico damos y recibimos?

El término proxemia hace referencia a la percepción y el uso que el ser humano hace de su espacio personal. Está influido por determinantes culturales y diferencias individuales. Así, hablaremos más cerca y tocaremos con mayor frecuencia a un ser querido que a alguien en nuestro entorno laboral. La cultura ha condicionado mucho la forma de relacionarnos con nuestro entorno, ya que hay algunas más restrictivas que otras en las manifestaciones de cariño, sobre todo realizadas en público. Lo cierto es que, aunque se hace especial énfasis en la importancia del contacto físico con los bebés y niños para su crecimiento, no deja de ser relevante sentir a los demás a lo largo de toda nuestra vida. Las expresiones de afecto pueden ser variadas, pudiendo ser verbales, o demostrándolo a través de actos. Sin embargo, nada sustituye al poder de un abrazo o un beso, sobre todo cuando sentimos que no estamos bien.

Publicaciones estiman que es saludable recibir un mínimo de cuatro abrazos al día. Escritoras como Elsa Punset, indican que el abrazo debe durar más de seis segundos para que exista un impacto a nivel químico en el cerebro. Estar en conexión con los demás implica no tener miedo al contacto, y no reducirlo únicamente a la esfera sexual. Saber dar besos y abrazos es tan importante como estar preparados para saber recibirlos. A menudo, por timidez o inseguridad, las personas pueden retraerse de demostrar y pedir más cariño. Yo apuesto porque mejoremos en naturalidad a la hora de tocar a los demás, que nos liberemos del miedo al rechazo. ¿Cómo puedo mejorar el contacto físico con los demás?

-Mímate a ti mismo. Abrazarse a uno mismo puede ser una empresa sumamente complicada, pero hay otras maneras de hacerse “caricias”. Cuidar nuestro cuerpo, hacernos regalos como un masaje, comer de forma sana, bailar, incluso disfrutar de los rituales físicos de higiene, harán que te sientas más a gusto en tu piel y que estés más abierto a que los demás entren en contacto contigo.

-Si necesitas algo, atrévete a pedirlo. Si realmente necesitas un abrazo o un beso, ¿qué más da pedirlo abiertamente? Lo peor que puede pasar es que simplemente te digan que no, cosa que no es muy importante, y que, además, no es frecuente...atrévete a pedir afecto y te sorprenderás...

-No dejes para mañana el beso que puedas dar hoy. La rutina, el cansancio, incluso la timidez a la que nos referíamos anteriormente, pueden hacer que refrenemos nuestras ganas de expresar cariño. No dejemos que nos invadan, ya que demostrar amor en cualquiera de sus formas, es una de las acciones más bonitas que puede hacer un ser humano, y de las más gratificantes.

-El amor no se mide en metros. Con esta frase me refiero a que no estemos siempre midiendo si el de enfrente nos da más o menos cariño, si yo le doy más besos..actuemos con más naturalidad, y si vas a demostrar afecto, que sea por el gusto de hacerlo. Si no estamos siempre vigilando si somos exactamente correspondidos, la felicidad por lo que recibamos, sea en la cantidad que sea, aumentará.

Asi que me gustaría que después de leer esto, penséis a quién os gustaría sinceramente abrazar, besar o acariciar, y que os propongáis hacerlo, sin más, porque os apetece...ya que el cariño es una red que se expande...y así, quién sabe, igual contribuimos a que este mundo se transforme en un lugar mejor...


martes, 9 de abril de 2013

LA PRIMAVERA DE TU PROPIA VIDA...


Aunque meteorológicamente se nos esté resistiendo, sigamos abrigándonos y viendo llover en un invierno que pareciera perdurar eternamente, lo cierto es que de manera cronológica ya estamos inmersos en la primavera, esa estación a la que siempre le atribuimos un significado positivo y especial.

Etimológicamente, la palabra primavera procede del latín ver primus, que quiere decir estación anterior al estío, al verano. También en latín está la palabra primaevitas, que significa la edad primera. Por ello, cuando alguien es joven se suele decir que está en “la primavera de su vida”. A esta estación se le confieren muchos beneficios: popularmente se ha creído que se producen más uniones sentimentales, que eleva el estado de ánimo, y su belleza ha inspirado a muchísimos artistas. La Naturaleza se despereza después del invierno, se abre paso en todo su esplendor, renaciendo con fuerza renovada.

Dentro de todo este significado positivo atribuido, en los últimos años se ha popularizado el síndrome de astenia primaveral. Este síndrome es un conjunto de síntomas que se dan con la llegada del buen tiempo y con el que, paradójicamente, algunas personas ven mermadas sus fuerzas y están llenas de un abatimiento que no saben explicar. Algunos de los síntomas son debilidad, cansancio, insomnio, agitación, problemas de circulación...aun así, su base no está muy definida. Pareciera que tiene conexión con la adaptación al cambio climatológico y con la mayor cantidad de horas de luz.

En todo caso, la primavera y su especial atribución pueden servirnos de excusa para renacer en nuestra propia piel. No se trata de hacer grandes cambios...más bien podemos emular a la madre Naturaleza y, yendo paso a paso, florecer...:

-Arranca las malas hierbas de tu pasado. Para que una planta pueda florecer sana, es muy necesario preparar el terreno para su siembra. Por ello, piensa qué es innecesario en tu vida, qué o quién te produce tristeza, absorbe tu energía o supone una carga para crecer, arráncalo aunque al principio no haya más que tierra y se produzca un vacío, y espera a ver qué ocurre...

-Siembra con cabeza y corazón. La siembra se tiene que hacer de acuerdo a las condiciones climatológicas, a la tierra, a nuestras necesidades...así, piensa qué es lo nuevo que te gustaría que surgiera en tu vida. Aunque sea algo pequeño, pero algún deseo, proyecto u objetivo que tú puedas realizar, algo que de verdad conecte con lo que tú eres. Piensa en algo distinto, que esté en tus posibilidades y te llene de emoción. Poner corazón en aquello que haces es esencial.

-Riega tu planta y llénala de cuidados. Obviamente no basta con empezar. No decaigas en tu proyecto, en tu reto personal, aunque haya obstáculos y a veces parezca que la planta se va a marchitar, siempre puede renacer una y otra vez, con igual o distinta forma. Lo importante es que no la dejes morir por pereza o por miedo.

-Disfruta del fruto logrado. La vida siempre sorprende, y a lo mejor no era lo que planeabas al principio y la siembra ha tenido otro resultado. Aun así, disfruta de cada logro que hayas conseguido a lo largo del camino y siéntete orgulloso por ello.

Asi que os animo a que os renovéis, por dentro, por fuera, de la forma en que queráis, que renazcáis llenos de energía para emprender aquello que deseáis, que os quitéis el pesado abrigo del invierno y seáis los protagonistas de esta primavera...la primavera de tu propia vida.