Como
pueden observar los que acostumbren a leerme, me encanta comenzar los
artículos con frases que típicamente ocupan nuestro día a día, en
las que me gusta pararme a reflexionar, como ésta que crea el
título, la famosa envidia “sana”. Cuántas veces habremos dicho
que algo o alguien nos da envidia sana para justificar o dulcificar
ese sentimiento que a veces nos inunda, y que es tan políticamente
incorrecto de admitir...¿somos envidiosos? ¿existe la envidia sana
o la insana, o todas son dañinas? ¿es la envidia algo que se pueda
evitar? ¿por qué la sentimos?
“La envidia es
una declaración de inferioridad” (Napoleón Bonaparte)
La
envidia es un sentimiento, una expresión emocional de las que se
denominan compleja, creada a partir de relacionarnos con los demás
en sociedad. Diríamos que es ira o rabia debido a que el otro posee
algo que nosotros deseamos, ya sea algo material, una relación, su
forma de ser...Ya vemos lo que opinaba Napoleón. Yendo más allá de
su frase, puede ser que el envidioso se sienta inferior, aunque dicha
inferioridad no sea más que imaginaria, y ello le llene de rabia,
con lo cual la envidia tendría la base en un negativo concepto de
quién soy yo, pero también puede producirse esa envidia debido a un
sentimiento de injusticia, de que la vida, Dios, los demás, el
destino, etcétera, no han estado a favor de uno y de otra persona sí
(“No creo que él sea mejor, de hecho creo que no se merece que le
vaya bien y yo sin embargo fíjate...no es justo”). Queremos lo que
el otro tiene, porque pensamos que lo merecemos más que él.
Envidia sana versus
envidia insana
La
conocida como envidia sana es, en realidad, admiración. Podemos
admirar la vida, la personalidad o el físico de alguien. La
diferencia es si esa admiración nos produce rabia o no. Si deseamos
que a nosotros nos fuera mejor, si nos produce una emoción negativa
observar la vida de los demás y sus cualidades, entonces no nos
engañemos, es envidia. Y la envidia en sí misma no tiene mucho de
sana. Eso sí, sentirla es algo tan común e humano que tampoco
debemos avergonzarnos por ello. Tan sólo razonarla y combatirla para
que no nos domine.
La envidia es el
deporte nacional
Nos
sentimos más envidiosos que en otro países. Lo cual,
científicamente, hasta ahora no tiene mucha solidez. Estudios
comparativos que se han realizado entre países han demostrado que la
forma en cómo envidiamos y la cantidad es bastante similar. En todo
caso, es difícil encontrar datos reales sobre ello. Asi que no
sintamos que envidiamos en España más que en otros sitios.
Simplemente que es un fenómeno muy común, que a grandes dosis puede
ser altamente dañino.
Envidia y celos...¿la
misma cara de la moneda?
No
son exactamente lo mismo aunque tengan vinculación. La envidia se
produce entre dos personas, y en los celos siempre hay un tercero,
sea éste real o imaginario. Los celos son miedo a la pérdida de una
relación por la aparición de otra. La envidia, querer poseer algo
que otra persona tiene. Y nosotros...¿somos más celosos o más
envidiosos?
¿Y cómo combato la
envidia si noto que me domina?
Todo
sentimiento negativo va a ser perjudicial para los demás, pero en
principio siempre para uno mismo. Lo primero sería no negar esa
envidia, aunque nos avergüence, sino mirarla de frente, y
preguntarnos por qué la sentimos, qué representa esa persona y qué
pensamos que nos falta. Lo segundo, no centrarnos siempre en
nuestra carencia. Todos tenemos dificultades, virtudes,
obstáculos, alegrías y llantos...la persona objeto de envidia
también. Si nos asomamos tanto a la vida de los demás y ansiamos
aquello que ellos son o tienen, probablemente estamos dejando de
valorar nuestra vida en su justa medida. Y quizás, más que la vida,
los demás, Dios, o el destino...los que estamos cometiendo una
injusticia seamos nosotros con nosotros mismos. Asi que yo no quiero
envidiaros, sino admiraros...¡feliz semana!

