miércoles, 30 de enero de 2013

NO NOS DIGAMOS ADIÓS...SOLAMENTE HASTA LUEGO...



Qué poco nos gusta despedirnos...este afán por pronunciar un “hasta luego” que deje suspendida en el aire la posibilidad de reencuentro, de continuación, de que esa despedida sea como la tecla de “pause” de un radiocassette, es a veces lo que nos hace más liviana esa situación...la despedida es un acontecimiento difícil, muy doloroso en ocasiones, que siempre simboliza el cierre de una etapa y el inicio de otra. Es lo que denominamos duelo. El duelo antiguamente, se conectaba únicamente con el fallecimiento de un ser querido. Sin embargo, la psicología ha extendido el término duelo para vincularlo a cualquier situación de despedida o cierre que nos ocasione un dolor ante la pérdida, ya sea ruptura sentimental, pérdida de trabajo, mudanza de residencia, despedida de una persona a la que quieres... Este duelo suele atravesar un proceso que se divide en fases. El nombre y cantidad de estas fases según las fuentes que consultes va variando. No quiere decir que las personas pasen cual robots por todas las fases y en el exacto orden, pero es orientativo de los estados de ánimo que se atraviesan:

-Fase de inicio del duelo – Al principio, cuando se recibe la noticia de la pérdida, se tiende al bloqueo, a no poder aceptar que sea real. La negación es un mecanismo de defensa que actúa para amortiguar el dolor inicial. La persona piensa que es mentira, que no es posible eso que acaba de saber. Puede durar minutos, horas, meses...los tiempos en los duelos son inmensamente variables...

-Fase aguda del duelo: aquí brotan diversos sentimientos, siendo los más comunes una ira intensa focalizada en la persona que se ha ido, en ti mismo, en Dios, en alguna persona cercana...conecta con la negación y la no aceptación de que te está pasando. El pensamiento de que es injusto que te esté ocurriendo suele sostener esa rabia. A veces, se intenta realizar pactos internos, del tipo de “si soy buena persona, volverá conmigo”, o “si dejo de fumar, mi hermana se pondrá buena” , más propias de un pensamiento mágico que del racional...el sentimiento que suele perdurar más tiempo es la depresión, una tristeza en algunos casos muy intensa que se produce al enfrentarse con el dolor, al experimentar el vacío.

-Resolución del duelo: si el duelo se resuelve de una manera sana, no permaneciendo “enquistado” en lo descrito anteriormente, se llega a la aceptación serena y equilibrada de la pérdida. Las emociones son menos intensas y dañinas y la persona puede recuperar su normalidad.

La manera en que afrontamos las despedidas es muy personal. Dejar algo o alguien querido, o que nos dejen sin remedio produce tristeza, rabia, a veces mezclado con ilusión si significa el comienzo de algo nuevo...siempre aderezado con el miedo al cambio, que tanto nos acompaña en la vida. Hay personas que evitan constantemente el despedirse por no poder soportarlo. Sin embargo, en psicología se suele aconsejar que en todo duelo el símbolo de que haya una despedida, real o metafórica en la que puedas expresar lo que sientes, es muy necesario para un adecuado cierre. Yo también lo considero así. Despedirse, sentir el dolor, y mirar hacia adelante a lo nuevo que vendrá. Aunque ya no vaya a ser igual. Aceptar que la vida es un continuo empezar y terminar, tejiéndose encuentros y desencuentros que siempre nos harán aprender y crecer.

Asi que yo también quiero despedirme hoy...hasta el próximo artículo...


viernes, 18 de enero de 2013

TENGO CELOS HASTA DEL AIRE QUE RESPIRAS...



Celos cuando estoy contigo
Y cuando de mí te vas
Celos de noche y de día
Y celos de madrugá.

Es como si en los cimientos
Me sacudiera un ciclón
Como si llevara un perro
Colgao del corazón

Celos dentro del sentío
Y hasta en la raíz del pelo
Desde que te he conocío
Desde que te he conocío
Me están matando los celos.

(Fragmento de la copla “Celos”)

Tanto la música, como la poesía, el teatro y otras artes han expresado este sentimiento que con mucha seguridad todos hemos experimentado alguna vez en nuestra vida: los celos. Frases como el título de este artículo, “tengo celos hasta del aire que respiras”, están incorporadas en nuestro imaginario colectivo. Popularmente se han conectado con el enamoramiento (“cuanto más celos tengo, más enamorado estoy”, “si no siente celos es que realmente no me ama”, “siento celos porque le quiero tanto que no puedo perderle”), justificando de esta manera comportamientos y actitudes destructivas tanto para la persona que los sufre como para la persona objeto de esos celos. Comúnmente se dice también la expresión “enfermar de celos”, ya que la persona puede llegar a sufrir de tal manera que siente que enferma física y emocionalmente, que pierde el control de sus pensamientos y acciones, tornándose en obsesión, invadiendo todos sus pensamientos a diario.

¿Pero qué son los celos? Una posible definición es que son una expresión emocional compleja que se produce por el miedo a la pérdida de la persona o la relación, ya sea dicha pérdida real o imaginaria. Hay distintos tipos de celos dependiendo de a quién vayan dirigidos: podemos sentirlo con respecto a un familiar, a un amigo, en el entorno laboral, aunque los más conocidos y extendidos son los celos vinculados a las relaciones sentimentales. En general es miedo a perder el afecto, las atenciones, el vínculo de la persona que queremos o valoramos. Miedo porque pensamos que nuestra vida empeoraría significativamente si no tenemos esa relación. Celos porque sentimos que otra persona nos arrebata esa relación privilegiada. Se manifiestan a través de diversas maneras: angustia, nudo en el estómago, estado de ánimo depresivo o ansioso, ataques de ira.....

¿Por qué se producen esos celos? La inseguridad en uno mismo, y una autoestima basada en si el otro me quiere, son algunas de las claves de los celosos. Esa inseguridad en uno se convierte en inseguridad en la relación, dudando de la relación establecida, brotando la desconfianza y el ansia de controlar todo aquello que la otra persona hace. Cuando los celos se vuelven patológicos, esta desconfianza se extiende como una plaga, convirtiendo cualquier acto en prueba evidente de traición, pudiendo acabar por destruir el vínculo, y no solamente eso, sino ocasionando mucho daño emocional y a veces hasta físico en la persona objeto de dichos celos y en la persona que los sufre.
Preocuparse si pensamos que la persona que queremos está poniendo sus atenciones en otra es normal. Pero la persona celosa patológica considera algo terrorífico que la dejen de querer, no aceptan que no las quieran como ellos desearían, acabando en muchas ocasiones por hacer ellos mismos realidad su mayor temor, que es el final de la relación.

Los celos han podido parecer muy poéticos y símbolo del amor pasional. Pero si queremos ser felices y tener una vida afectiva sana, lo más aconsejable es mantenerlos a raya sin dejar que nos aniquilen. Que una persona no te quiera es muy doloroso, pero la vida siempre continúa. No hay nada más hermoso que confiar en el otro y respetar su libertad, sin pensar que es tu propiedad. Si lo conseguimos, podremos disfrutar del verdadero amor. 

viernes, 11 de enero de 2013

CONECTAD@S, ENLAZAD@S...¡ENREDAD@S!!



En conexión virtual es como nos hallamos cada vez en mayor medida en este país, según dicen los diferentes estudios que hablan sobre el uso de las redes sociales. En 2012, Facebook era la segunda página más buscada en Internet después de Google, superando los 15 millones de usuarios en España. Más del 70% de las personas que tienen Internet en su móvil utilizan la aplicación WhatsApp. El fenómeno de las redes sociales es inmenso, desbordante y va creciendo a pasos agigantados, hasta el punto de haber calado en nuestras costumbres y formas de relacionarnos. Las redes se extienden hasta el infinito o hasta que cada uno quiera, los límites de la intimidad se tornan complicados y ya no sólo tomamos café o compartimos una cerveza con tus compañeros de trabajo, amigos o vecinos, sino que puedes estar con ellos a través de la red.

¿Qué tienen las redes sociales para que hayan captado tanto nuestra atención? ¿Cuál es el beneficio que obtenemos de ellas? ¿Por qué preferimos muchas veces mandar un whatsapp a realizar una llamada? Podemos apuntar diferentes causas para explicar esta revolución:

-Redes que crecen: mientras uno puede considerar que tiene diez amigos, en tu Facebook puede haber más de cien. Conectas y se conectan contigo distintos familiares, amigos y conocidos, de manera que puedes establecer fácilmente contacto con alguien a quien ya no veas o que tengas físicamente lejos.

-Compartir es sumar. Tanto las redes sociales como aplicaciones móviles del tipo de Whatsapp, te permiten compartir fotos, música, información de muy diversos tipos en un tiempo récord y de una manera muy sencilla.

-Ver y no ser visto...y no nos engañemos, aunque no sea algo que nos guste reconocer, saber de la vida de tu gente conocida sin que nadie sepa que estás mirando satisface al curioso que todos llevamos dentro.

-Economía del tiempo. Quizás no puedas llamar mucho por teléfono porque no tienes horas en el día, sin embargo mantenerte en contacto aunque sea un breve tiempo por Whatsapp con la gente que quieres es mucho más accesible en términos de tiempo.

-Whatsappear para empezar... O al menos eso dicen en artículos sobre esta aplicación:en personas que se están conociendo o iniciando una relación, la latencia en la respuesta acrecienta la imaginación y el deseo, estimula la creatividad a la hora de responder y te vuelve más intrépido, ya que escribimos cosas que quizás no nos atreveríamos a decir...con lo que las relaciones pueden ser más intensas o rápidas, o llevar otra dinámica distinta a la que habría si no existiera Internet...todo esto y más características, como la de poder hablar en grupo con varias personas, hace de Whatsapp una aplicación muy lúdica que cuenta con millones de adeptos a nivel mundial.

De esta manera, hemos incorporado elementos nuevos a cómo nos relacionamos con los demás. La cara amarga es el polo de la dependencia. ¿Podemos apagar el móvil y disfrutar relajadamente de un rato con alguien, o simplemente estando solos en casa, o eso nos genera ansiedad? Si no podemos hacerlo, quizás estamos cayendo en estar excesivamente conectados. Incorporar estos elementos a nuestra vida la hacen más divertida y cómoda. Sin embargo, nunca olvidemos que nada sustituye al placer de hablar con alguien cara a cara, escuchar su voz y mirar a los ojos...esa información es más valiosa que ninguna. Pero si no tenemos esa oportunidad...¡siempre quedará Internet!

Asi que ya sabéis...¡nos vemos en la red!  

viernes, 4 de enero de 2013

“PARA EL NUEVO AÑO VOY A...”


Quién no ha hecho nunca la archi-conocida lista de propósitos para el año nuevo que comienza...y si no la ha hecho de manera escrita, quién no ha pensado o imaginado qué desea hacer para los nuevos tiempos que ahora comienzan...es una arbitrariedad temporal, pero simbólicamente, el inicio de un año nuevo nos ayuda a pasar página de aquello que no nos gustó, y proyectar qué queremos ser y hacer en los próximos 365 días. Y eso nos infunde esperanza.

Elaborarse nuevos objetivos es una buena idea, de partida. Esos objetivos típicamente tienen conexión con lo siguiente:

            -Propósitos de mejora de la condición física. La culpabilidad y los kilos de más después del desenfreno alimentario navideño aboca a mucha gente a querer apuntarse a un   gimnasio, hacer dieta, o practicar más deporte. Mejorar físicamente es un tema muy común en todas las listas.

            -Abandono de malos hábitos. El que gana con aplastante mayoría es el consabido “para el año que viene, dejo de fumar”. Dejar de fumar es una empresa bastante difícil para el dependiente, asi que un nuevo inicio puede ayudar a dar el paso necesario para poder hacer  realidad ese deseo.

            -Aprender nuevas habilidades. El rey en este tema suelen ser las clases de inglés. Pero también pueden tener cabida la informática, pádel, ese curso que tenemos que hacer y siempre postergamos...

            -Mejora en la esfera personal. Estos son propósitos menos concretos y más centrados en aquello de nuestra forma de ser que no nos gusta, y pueden ser del tipo de “enfadarme menos con la gente que quiero”, “aprender a decir no a tiempo”, “ascender en mi trabajo”, o “pasar más tiempo con mi familia”.

            -Encontrar trabajo. En plena crisis económica, es seguro que este propósito encabezará las listas de muchas personas en nuestro país.

            -Proyecto vital. A veces las personas queremos reelaborar todo nuestro proyecto vital, y los deseos se vuelven más trascendentales y generales, englobando a otros muchos: ser feliz, cambiar de vida, buscar nuevos horizontes profesionales...

Todos los propósitos son buenos si pensamos que van a mejorar nuestra vida. Ahora, para que se conviertan en trampolines para impulsar y no losas en la espalda, debería tenerse en cuenta lo siguiente:

            -Pasito a paso se hacen grandes hazañas. Objetivos concretos, pequeños, que puedan guiarnos a otros más grandes serán siempre más operativos y fáciles.

            -Sé realista. Si nunca has hecho deporte y te planteas correr una maratón, si no lo           consigues puedes sentirte frustrado/a. Elabora objetivos reales, que veas dentro de tus          posibilidades. Si los consigues, ¡siempre puedes plantearte otros nuevos!

            -La flexibilidad es tu amiga. Aunque en Enero te marques unos objetivos, la vida es tan deliciosamente imprevisible que puede ser que en Junio éstos ya no sean válidos, asi que, ¡ no los vivas con rigidez! ¡adáptalos a tu realidad!


            -Sobrecarga de objetivos= angustia. 2013 no tiene que ser el año de la gran mejora en absolutamente todo. Escribe muchos objetivos y después selecciona los que son más importantes para ti y asequibles de conseguir

Sobre todo, hay que recordar la consabida frase de “querer es poder”. No hay nada más poderoso que nuestra voluntad, y nuestra energía bien canalizada, asi que ¡mucho ánimo y a por los propósitos del 2013!