viernes, 21 de diciembre de 2012

“DOCTOR, PADEZCO DE NAVIDITIS...¿ES GRAVE?”


Probablemente esta pregunta no se ha formulado así nunca, ya que ni siquiera el concepto Naviditis existe, aunque no me extrañaría que alguien vaya a inventarlo, ya que proliferan los síndromes dependiendo de la época del año...y así, existe el síndrome de astenia primaveral, el síndrome de astenia otoñal, el síndrome post-vacacional...pareciera que nos pasamos el año saltando de síndrome a otro, asi que podríamos incluir en esta categoría una afección cada vez más común y que sufren mayor número de personas, que voy a denominar Naviditis, consistente en un sentimiento de animadversión agudo hacia la Navidad y todo símbolo que tenga relación con ella.  Las personas que sufren de Naviditis padecen síntomas diversos: tristeza, apatía, irritabilidad, sentimiento de inadecuación (“soy raro/a porque no me gusta la Navidad”, “soy el/la único/a al que no le gusta la Navidad), y un intenso deseo de que el tiempo transcurra más rápido de lo normal y que sea 7 de Enero.
Las causas de la Naviditis pueden ser alguna de las siguientes:

            -Ausencia de algún ser querido. Ésta suele ser la más común. Incluso si la pérdida no ha sido reciente, el vacío que deja esa persona cuando se va a veces da lugar a una profunda melancolía en épocas de reunión como ésta.
            -Rechazo al consumismo. Muchas personas rechazan estas fiestas en las que se consume en exceso a menudo y casi por obligación: comidas, bebidas, regalos, dulces...
            -Conflictos en reuniones familiares. La Navidad puede ser una época bonita de reunión familiar, pero si eso no se sabe gestionar adecuadamente, hay cenas que son auténticas batallas campales. Las personas con Naviditis por esta causa detestan momentos que saben de antemano que van a ser críticos.
            -No identificación con la festividad. Ya sea por sentir que está conectada con una religión a la que no se pertenece, o porque no sientes que sea acorde a tu forma de ser; hay personas que, simplemente, no se identifican con la idea de “ser feliz en Navidad”, no la sienten como una fiesta propia.
¿Hay cura para la Naviditis? ¿Puede buscarse alguna solución? Encerrarse en un cuarto con la cabeza debajo de la almohada hasta el 7 de Enero podría ser algo apetecible para alguien afectado por este problema. Sin embargo, no es lo más deseable. La opción de la “huida” siempre es una alternativa: si se puede y se quiere, pasar la Navidad viajando puede ser una evasión en estos días; si por el contrario tienes Naviditis y has decidido quedarte aquí, quizás puedas darle la vuelta a alguna de las causas apuntadas antes:

            -Ausencia de algún ser querido. Es cierto que la pérdida siempre se sentirá, pero por suerte hay muchas personas de las que disfrutar y que siguen contigo. Quizás no concentrarse en la ausencia y aprovechar la presencia puede ayudar.
            -Rechazo al consumismo. Inventa tu propia Navidad e intenta transmitirla a los que te rodean, una Navidad sin derroche; no tienes por qué seguir la fiesta como los demás.
            -Conflictos en reuniones familiares. A no ser que sean de una gravedad absoluta, tomarse con humor las rencillas familiares y vivirlas como parte natural de la vida, puede contribuir a quitarles importancia e incluso, por qué no, vivirlo como una oportunidad para limar asperezas.
            -No identificación con la festividad. No tienes por qué ir agitando una pandereta cantando “Los peces en el río” si no quieres. Pero la posibilidad de ver a alguien querido, disfrutar de alguna comida que hace tiempo que no te permites, salir más a menudo... siempre hay algo, por pequeño que sea, que te puede servir para disfrutar.

Y si no, yo encuentro que hay un remedio infalible: vivir la Navidad con un/a niño/a cerca de ti. La ilusión es tan sumamente contagiosa que hará irremediablemente que la veas a través de sus ojos, con esa magia y esa alegría. Asi que, a los que tienen Naviditis, a los que la adoran, a todos/as los que leéis esto...¡os deseo Feliz Navidad!

jueves, 13 de diciembre de 2012

DUDO, LUEGO EXISTO




La frase original de Descartes como muchos sabréis es “pienso, luego existo”. Recordando cuando se estudiaba en Filosofía, Descartes llegó a esa conclusión a través de dudar y cuestionar todo lo demás, lo percibido a través de los sentidos y lo aprendido a través de la razón. Según Descartes, todo era cuestionable y susceptible de someterlo a duda, menos el pensamiento. Si pienso, es que debo existir. De eso no cabe ninguna duda, exponía el pensador.

Pero, ¿y sobre todo lo demás? ¿Puede escapar el ser humano a la duda constante? ¿es beneficiosa esa duda? ¿qué aporta a nuestra vida?

La toma de decisiones es un proceso en ocasiones complejo, que la psicología intenta sistematizar para ayudar a las personas. Esa toma de decisiones que necesariamente se tiene que hacer a lo largo de nuestra vida, viene inevitablemente condicionada por la lógica duda: ¿escogeré el camino correcto? ¿estoy seguro/a del paso que voy a realizar? ¿hay más inconvenientes, o más ventajas? ¿lo haré bien? Y así hasta el infinito y más allá, ya que si algo se nos da bien a las personas es generar infinidad de dudas sobre cualquier circunstancia vital: estudios, trabajo, lugar de residencia, familia, vivienda, salud, matrimonio...la duda en sí misma es hasta razonable, ya que si no dudáramos querría decir que tomamos las decisiones sin hacer un análisis y sin contar con nuestra experiencia, nuestra intuición y nuestro conocimiento, elementos que nos pueden servir de guía para concluir en aquello que consideramos es mejor opción. El problema son las emociones que pueden acompañar a esa duda, como por ejemplo la angustia. Y de ahí puede surgir el bloqueo, si no sabemos manejar esa angustia, el miedo al error, a lo que perdemos al decidir. Muchas personas quedan atrapadas en ciclos que ya deberían haber concluido o en situaciones perjudiciales por la inseguridad que les produce el tener que decidir, por esa duda que no son capaces de superar.

Considero que la duda es parte de la vida, en algunas personas más que en otras, pero presente en todos/as y cada uno/a. Y también las decisiones. Sean mejores, peores, acertadas, erróneas, siempre será mejor haber decidido algo que vivir en secuestro permanente de la duda, ya que el decidir y tomar caminos es lo que nos permitirá evolucionar. Y lo que hará que tengamos la propiedad de nuestra vida, de lo que nos ocurre. Incluso cuando decidamos, la duda siempre nos acompañará. Eso no querrá decir que hayamos hecho mal al decidir, Eso significará, como decía Descartes hace tantos siglos, que simplemente, existimos. 


martes, 11 de diciembre de 2012

“NO, SI YO NO SOY UNA PERSONA NEGATIVA...¡SOY REALISTA!”


Cuántas veces en la vida, y en mi caso también en la práctica profesional, escuchas esta frase que actúa a modo de escudo defensivo de la persona que lo está diciendo....suele suceder cuando intentas que la persona de enfrente cambie la percepción que tiene de sus circunstancias vitales y quieres ayudarla a que redefina su realidad de una manera más positiva, más esperanzadora, porque consideras que puede ayudarle. Entonces, pronuncia la frase mágica: “no, no, yo no soy negativo/a, es que yo soy realista y tú no ves la realidad”.  Ciertamente se ha conectado muy a menudo el concepto de persona negativa con persona realista, consciente de las dificultades, y al optimista como alguien que se apoya más en ilusiones que en hechos para seguir adelante. Asimismo y dentro de la psicología, están los que defienden la llamada Psicología Positiva y los que la rechazan diciendo que es una teoría que carece de base científica y que vivimos en la sociedad de la “tiranía del pensamiento positivo”. Miles de estudios se hacen para defender que ser positivo/a aporta beneficios para la salud, incluso influyendo en la esperanza de vida…
Sí es cierto que tampoco es lógico vivir en un estatus de felicidad constante, que nada nos enfade, que no seamos críticos con nuestra realidad. El derecho a la protesta y a la queja es humano, y a menudo muy sano y lícito. Como el día y la noche, como el ying y el yang, como la claridad y la oscuridad, a veces es necesario estar sumidos en la tristeza para resurgir con más fuerza a continuación. Pero las personas que sienten que a su alrededor, ocurra lo que les ocurra, nada es positivo, nada está bien, viven con un peso constante sobre sus hombros, lo transmiten a su alrededor.
Sintamos pena, rabia, desánimo, pero si creemos en que las cosas pueden ser mejores, si dentro de lo que nos haga sufrir, valoramos aquellos elementos que todos/as podemos tener que nos hacen sentir bien, superar los obstáculos será más fácil. Un paseo, contar con alguien cerca tuya cuya presencia te llene de alegría, una conversación, la propia salud o la de la gente querida, una película de cine que nos emocione, una canción que haga que tus pies se pongan a bailar…..cualquier cosa puede hacer que, tan sólo por un instante, nos sintamos los más afortunados. Agarrémonos a eso para continuar viviendo.