viernes, 21 de diciembre de 2012

“DOCTOR, PADEZCO DE NAVIDITIS...¿ES GRAVE?”


Probablemente esta pregunta no se ha formulado así nunca, ya que ni siquiera el concepto Naviditis existe, aunque no me extrañaría que alguien vaya a inventarlo, ya que proliferan los síndromes dependiendo de la época del año...y así, existe el síndrome de astenia primaveral, el síndrome de astenia otoñal, el síndrome post-vacacional...pareciera que nos pasamos el año saltando de síndrome a otro, asi que podríamos incluir en esta categoría una afección cada vez más común y que sufren mayor número de personas, que voy a denominar Naviditis, consistente en un sentimiento de animadversión agudo hacia la Navidad y todo símbolo que tenga relación con ella.  Las personas que sufren de Naviditis padecen síntomas diversos: tristeza, apatía, irritabilidad, sentimiento de inadecuación (“soy raro/a porque no me gusta la Navidad”, “soy el/la único/a al que no le gusta la Navidad), y un intenso deseo de que el tiempo transcurra más rápido de lo normal y que sea 7 de Enero.
Las causas de la Naviditis pueden ser alguna de las siguientes:

            -Ausencia de algún ser querido. Ésta suele ser la más común. Incluso si la pérdida no ha sido reciente, el vacío que deja esa persona cuando se va a veces da lugar a una profunda melancolía en épocas de reunión como ésta.
            -Rechazo al consumismo. Muchas personas rechazan estas fiestas en las que se consume en exceso a menudo y casi por obligación: comidas, bebidas, regalos, dulces...
            -Conflictos en reuniones familiares. La Navidad puede ser una época bonita de reunión familiar, pero si eso no se sabe gestionar adecuadamente, hay cenas que son auténticas batallas campales. Las personas con Naviditis por esta causa detestan momentos que saben de antemano que van a ser críticos.
            -No identificación con la festividad. Ya sea por sentir que está conectada con una religión a la que no se pertenece, o porque no sientes que sea acorde a tu forma de ser; hay personas que, simplemente, no se identifican con la idea de “ser feliz en Navidad”, no la sienten como una fiesta propia.
¿Hay cura para la Naviditis? ¿Puede buscarse alguna solución? Encerrarse en un cuarto con la cabeza debajo de la almohada hasta el 7 de Enero podría ser algo apetecible para alguien afectado por este problema. Sin embargo, no es lo más deseable. La opción de la “huida” siempre es una alternativa: si se puede y se quiere, pasar la Navidad viajando puede ser una evasión en estos días; si por el contrario tienes Naviditis y has decidido quedarte aquí, quizás puedas darle la vuelta a alguna de las causas apuntadas antes:

            -Ausencia de algún ser querido. Es cierto que la pérdida siempre se sentirá, pero por suerte hay muchas personas de las que disfrutar y que siguen contigo. Quizás no concentrarse en la ausencia y aprovechar la presencia puede ayudar.
            -Rechazo al consumismo. Inventa tu propia Navidad e intenta transmitirla a los que te rodean, una Navidad sin derroche; no tienes por qué seguir la fiesta como los demás.
            -Conflictos en reuniones familiares. A no ser que sean de una gravedad absoluta, tomarse con humor las rencillas familiares y vivirlas como parte natural de la vida, puede contribuir a quitarles importancia e incluso, por qué no, vivirlo como una oportunidad para limar asperezas.
            -No identificación con la festividad. No tienes por qué ir agitando una pandereta cantando “Los peces en el río” si no quieres. Pero la posibilidad de ver a alguien querido, disfrutar de alguna comida que hace tiempo que no te permites, salir más a menudo... siempre hay algo, por pequeño que sea, que te puede servir para disfrutar.

Y si no, yo encuentro que hay un remedio infalible: vivir la Navidad con un/a niño/a cerca de ti. La ilusión es tan sumamente contagiosa que hará irremediablemente que la veas a través de sus ojos, con esa magia y esa alegría. Asi que, a los que tienen Naviditis, a los que la adoran, a todos/as los que leéis esto...¡os deseo Feliz Navidad!

jueves, 13 de diciembre de 2012

DUDO, LUEGO EXISTO




La frase original de Descartes como muchos sabréis es “pienso, luego existo”. Recordando cuando se estudiaba en Filosofía, Descartes llegó a esa conclusión a través de dudar y cuestionar todo lo demás, lo percibido a través de los sentidos y lo aprendido a través de la razón. Según Descartes, todo era cuestionable y susceptible de someterlo a duda, menos el pensamiento. Si pienso, es que debo existir. De eso no cabe ninguna duda, exponía el pensador.

Pero, ¿y sobre todo lo demás? ¿Puede escapar el ser humano a la duda constante? ¿es beneficiosa esa duda? ¿qué aporta a nuestra vida?

La toma de decisiones es un proceso en ocasiones complejo, que la psicología intenta sistematizar para ayudar a las personas. Esa toma de decisiones que necesariamente se tiene que hacer a lo largo de nuestra vida, viene inevitablemente condicionada por la lógica duda: ¿escogeré el camino correcto? ¿estoy seguro/a del paso que voy a realizar? ¿hay más inconvenientes, o más ventajas? ¿lo haré bien? Y así hasta el infinito y más allá, ya que si algo se nos da bien a las personas es generar infinidad de dudas sobre cualquier circunstancia vital: estudios, trabajo, lugar de residencia, familia, vivienda, salud, matrimonio...la duda en sí misma es hasta razonable, ya que si no dudáramos querría decir que tomamos las decisiones sin hacer un análisis y sin contar con nuestra experiencia, nuestra intuición y nuestro conocimiento, elementos que nos pueden servir de guía para concluir en aquello que consideramos es mejor opción. El problema son las emociones que pueden acompañar a esa duda, como por ejemplo la angustia. Y de ahí puede surgir el bloqueo, si no sabemos manejar esa angustia, el miedo al error, a lo que perdemos al decidir. Muchas personas quedan atrapadas en ciclos que ya deberían haber concluido o en situaciones perjudiciales por la inseguridad que les produce el tener que decidir, por esa duda que no son capaces de superar.

Considero que la duda es parte de la vida, en algunas personas más que en otras, pero presente en todos/as y cada uno/a. Y también las decisiones. Sean mejores, peores, acertadas, erróneas, siempre será mejor haber decidido algo que vivir en secuestro permanente de la duda, ya que el decidir y tomar caminos es lo que nos permitirá evolucionar. Y lo que hará que tengamos la propiedad de nuestra vida, de lo que nos ocurre. Incluso cuando decidamos, la duda siempre nos acompañará. Eso no querrá decir que hayamos hecho mal al decidir, Eso significará, como decía Descartes hace tantos siglos, que simplemente, existimos. 


martes, 11 de diciembre de 2012

“NO, SI YO NO SOY UNA PERSONA NEGATIVA...¡SOY REALISTA!”


Cuántas veces en la vida, y en mi caso también en la práctica profesional, escuchas esta frase que actúa a modo de escudo defensivo de la persona que lo está diciendo....suele suceder cuando intentas que la persona de enfrente cambie la percepción que tiene de sus circunstancias vitales y quieres ayudarla a que redefina su realidad de una manera más positiva, más esperanzadora, porque consideras que puede ayudarle. Entonces, pronuncia la frase mágica: “no, no, yo no soy negativo/a, es que yo soy realista y tú no ves la realidad”.  Ciertamente se ha conectado muy a menudo el concepto de persona negativa con persona realista, consciente de las dificultades, y al optimista como alguien que se apoya más en ilusiones que en hechos para seguir adelante. Asimismo y dentro de la psicología, están los que defienden la llamada Psicología Positiva y los que la rechazan diciendo que es una teoría que carece de base científica y que vivimos en la sociedad de la “tiranía del pensamiento positivo”. Miles de estudios se hacen para defender que ser positivo/a aporta beneficios para la salud, incluso influyendo en la esperanza de vida…
Sí es cierto que tampoco es lógico vivir en un estatus de felicidad constante, que nada nos enfade, que no seamos críticos con nuestra realidad. El derecho a la protesta y a la queja es humano, y a menudo muy sano y lícito. Como el día y la noche, como el ying y el yang, como la claridad y la oscuridad, a veces es necesario estar sumidos en la tristeza para resurgir con más fuerza a continuación. Pero las personas que sienten que a su alrededor, ocurra lo que les ocurra, nada es positivo, nada está bien, viven con un peso constante sobre sus hombros, lo transmiten a su alrededor.
Sintamos pena, rabia, desánimo, pero si creemos en que las cosas pueden ser mejores, si dentro de lo que nos haga sufrir, valoramos aquellos elementos que todos/as podemos tener que nos hacen sentir bien, superar los obstáculos será más fácil. Un paseo, contar con alguien cerca tuya cuya presencia te llene de alegría, una conversación, la propia salud o la de la gente querida, una película de cine que nos emocione, una canción que haga que tus pies se pongan a bailar…..cualquier cosa puede hacer que, tan sólo por un instante, nos sintamos los más afortunados. Agarrémonos a eso para continuar viviendo.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

POR QUÉ LO LLAMAN AMOR CUANDO QUIEREN DECIR...DEPENDENCIA



Como comencé escribiendo en mi anterior post, las relaciones de pareja son un territorio muy variado y a menudo muy complejo. Dentro de estas relaciones experimentamos una variedad de sentimientos y emociones que otras relaciones en nuestra vida no nos van a proporcionar, como son la alegría, la pasión, la ternura, la amistad, la estabilidad emocional, la seguridad…por supuesto esta es la cara más amable. Pero no sería real si no experimentáramos a veces sentimientos también de tristeza, pérdida, aburrimiento, rabia o soledad. Y hay una compañera peligrosa a veces dentro del amor, que no es otra que la señorita Dependencia.
Aquí el debate es enorme, diría yo. No hay un claro consenso: ¿Es normal depender en ciertos aspectos de tu pareja?¿Es deseable ésto?¿Hasta dónde es saludable depender y hasta dónde no? Las dependencias son diversas, pudiendo dividirse a grosso modo en dos grandes bloques: la dependencia económica y la emocional. A veces van unidas y se influyen mutuamente, y otras están separadas. La estadística judicial del número de separaciones y divorcios refleja que el número de separaciones en España descendió en 2011 y en 2012, y algunos análisis argumentan que ese hecho viene originado porque económicamente muchas personas no se pueden “permitir” el divorcio, permaneciendo de algún modo juntos en un limbo emocional. Obviamente, la dependencia económica afecta dentro de una pareja y puede determinar la dinámica de la misma. Pero la más complicada de gestionar es la emocional. Cuando amas a alguien, hace que sientas la necesidad de que esté en tu vida, cerca de ti, y eso en consecuencia, ¿te hace dependiente? Pasada la primera fase del enamoramiento, y aunque sea muy romántico en las películas y las canciones canten líneas tales como el “sin ti no soy nada” de Amaral, ¿es positivo que tu felicidad y tu bienestar dependan únicamente de la presencia de una persona, de tu relación con ella? ¿Es saludable el amor que lleva a la autodestrucción como en Romeo y Julieta, por más pasional que esto pueda resultar? La dificultad surge cuando esta dependencia hace que renuncies a tu ser, que olvides lo que eras por conservar un amor, o que quedemos atrapados en telas de araña insanas de las que no nos sentimos capaces de salir, aunque dentro nuestra escuchemos una voz que nos susurra que algo no va bien.
Se trata de dos personas enteras y distintas que se unen, que deciden vivir un proyecto común y afrontar la vida mirando en la misma dirección. Por supuesto que necesitarás a esa persona a tu lado. Pero si el precio a pagar eres tú, tu bienestar, o tu libertad, quizás es necesario hacer un alto en el camino y reflexionar. Porque el amor suma, no resta.   

domingo, 25 de noviembre de 2012

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN TERROR




Las relaciones de pareja es un terreno amplio y muy interesante a trabajar desde la psicología, ya que el amor y sus diversas maneras es algo muy presente a lo largo de nuestra vida. Pero hoy lo escrito gira en torno a la violencia de género, a la manifestación brutal de violencia que en nuestra sociedad, y en todas por desgracia, aún pervive en nuestros días en ciertas relaciones sentimentales. Coincidiendo con el 25 de Noviembre, Día contra La Violencia de Género, quisiera hacer un alto para reflexionar sobre esta realidad latente, mucho más frecuente de lo que podemos pensar.

Una de las cuestiones que más se pregunta la gente es por qué se le llama “de género”. Se le denomina así a un tipo de violencia en concreto, que se da en la pareja, que sigue un patrón determinado y que ejerce el hombre sobre la mujer. Hay otras relaciones violentas pero no se considerarían de violencia de género.

He trabajado con muchas víctimas de violencia. Y en todas hay realidades que son comunes: la ansiedad, el bloqueo a la hora de realizar cualquier cosa en su vida, el miedo paralizante que las consume día tras día, la absoluta falta de autoestima, el sentimiento de culpa y de vergüenza por lo que están viviendo, la soledad...las heridas en el alma que duran mucho más allá de las que se producen en la piel...Es duro recibir un golpe o un insulto de cualquier persona, pero lo más cruel es cuando ese daño proviene de la persona a la que tú amas y que también dice amarte. Nada te hace más vulnerable.

Los medios de comunicación se hacen eco de los asesinatos que se producen, incrementándose la siniestra estadística una y otra vez. 47 víctimas de violencia en 2012. Y esto, es únicamente la punta del iceberg. Como siempre, se precisa de recursos especializados, de ayuda, de conciencia en la sociedad. Pero sobre todo lo que se necesita es prevenir. Establecer desde el comienzo unas relaciones de pareja en las que la violencia no ocupe lugar, y en las que hombre y mujer se amen siendo iguales, libres y respetados por quiénes son.

Hoy mi pensamiento está con ellas, con su dolor y su sufrimiento. Hoy mi deseo es que un día, más cerca que lejos, desaparezca esta terrible realidad. No tener que ver más el rostro demacrado de una mujer que sin mirarte, te susurra “mi pareja me maltrata pero por favor no digas nada, ayúdame”. Es tarea de todos/as.

jueves, 22 de noviembre de 2012


ME QUIERO...NO ME QUIERO...¿ME QUIERO?”

La famosa disyuntiva que se planteaba deshojando una margarita cuando una era más pequeña o pequeño, siempre fue en realidad si me quería alguien o no me quería. Iban cayendo pétalo tras pétalo mientras con los ojos cerrados repetías “que toque que me quiere, que toque que me quiere”, como si aquello fuera a resultar una suerte de hechizo que iba a hacer que la persona cayera rendida en nuestros brazos. Pero me es muy útil como metáfora de algo que nos ocurre frecuentemente, y que no es otra cosa que la gran importancia que le damos a que los demás nos quieran y acepten, frente al poco tiempo y energía dedicado al amor a uno mismo. La famosa autoestima (¿qué sería de un blog de psicología si no se habla alguna vez de la autoestima?).
Como bien sabemos, la autoestima es la valoración que uno hace de sus cualidades tanto externas como internas, de sus capacidades y necesidades. Es un sentimiento valorativo que se construye desde nuestra más tierna infancia hasta la edad adulta, y a menudo es el cajón de sastre para cualquier problema que detectemos en alguien (no está bien porque tiene baja autoestima, reacciona así porque no se quiere). Ciertamente, muchas dificultades que encontramos a nivel personal enraizan con lo complicado que encontramos el querernos más y mejor. A veces, porque lo conectamos con ser egoísta o poco humilde; otras, porque la necesidad de que nos acepten, necesidad por otra parte muy humana y lógica, impera más que el gustarme a mí. Y así nos pasamos la vida, mirando hacia fuera, ansiando ser queridos, y nos olvidamos de concentrarnos en amarnos. Quizás es que a menudo ni nos conocemos bien, y como ya se sabe, no podemos valorar aquello que no sabemos que existe...
No hay trucos mágicos para subir la autoestima como si fuera la temperatura de un termómetro emocional. Es un camino a menudo largo, construido con mil pequeños gestos en el día a día, que pasa por escucharse con atención, por regalarse momentos positivos y agradables, por no permitir que los demás no nos traten bien o invadan nuestro espacio y lo que somos, y por tener mucha comprensión con aquello que no nos gusta de nosotros. Asi que por nuestra salud emocional, intentemos querernos y darnos mimos. Aseguro que el resultado merece la pena.
  

jueves, 15 de noviembre de 2012


CRISIS...¿EXISTEN BENEFICIOS...?

Dejo el título como una pregunta inacabada, suspendida en el aire, ya que puede parecer una auténtica temeridad decir que la crisis puede conllevar algo positivo, más en los tiempos que corren...es cierto que el hecho de que haya tantos miles de personas que sufran, peleen y lleguen a la desesperación sin conseguir algo tan básico como es el derecho al trabajo es algo injusto, frustrante y dramático, sin ninguna duda. Sin embargo, y en un intento de añadir luz a lo que estamos viviendo, yo sí considero que la crisis nos está aportando algo positivo. Creo que está sacando lo mejor de nosotros.
Debido a mi trabajo y a mi experiencia personal, todos los días encuentro a personas que lo están pasando mal, francamente mal. Pero en ellos también descubro unos valores y unas actitudes a nivel psicológico que me llenan de esperanza:
-El afán de superación está más presente que nunca, nunca antes se había luchado con tanto esfuerzo y pasión.
-La creatividad a la hora de inventar negocios, nuevas vías, alquimia económica para llegar a fin de mes.
-La solidaridad, la red de ayuda que entre todos estamos tejiendo, familia que da de comer, vecinos que avisan de trabajo, amigos que tienden una mano, conocidos...
-El descubrimiento de la felicidad en las cosas pequeñas y sencillas del día a día, que muy a menudo son intangibles y que no tienen precio calculable.
-La energía para levantarse una y mil veces después de haber caído.
-La unidad de todos al ser un problema que ya no sólo afecta a unos pocos.
-La humildad al comprender que nos puede pasar a cualquiera.
Ojalá nunca hubiera tenido que ocurrir un contexto tan difícil como el que nos ha tocado vivir. Ojalá dentro de poco todo termine y no sea más que un mal sueño. Pero, si algo es real, es que de esta crisis saldremos. Y que será gracias a todos nosotros, y a todo lo bueno que estamos aportando. Asi que desde aquí, quiero dedicar estas líneas a todos los que pelean con ellos mismos para levantarse con ánimo cada día, como quijotes contra sus molinos. Ánimo. La oportunidad llegará.  

viernes, 9 de noviembre de 2012


RENOVARSE O MORIR

Qué dramático que suena ese renovarse o morir, reduciéndonos las posibilidades a dos: o cambiamos, o morimos. O renacemos, o nos adaptamos, o no hay nada que hacer.
A veces una encuentra la inspiración en lo más insospechado. Yo me he propuesto reflexionar sobre la capacidad de reinventarse leyendo una entrevista a Patricia Urquiola, una prestigiosa arquitecta. En ella, hablaba de lo necesario de que tus valores, y tu identidad estén en constante movimiento y renovación.
Vivimos en un mundo muy complejo, muy diverso, a menudo vertiginoso. A nuestro alrededor las realidades cambian, la tecnología avanza a pasos de gigante, estamos interconectados a los demás de mil maneras distintas que hace diez años no podíamos ni imaginar. Eso nos somete a una constante adaptación al medio que a veces nos puede resultar costosa. Pero una definición simple y precisa de la inteligencia dice que ésta es la capacidad de adaptación al medio. Sólo los que se adaptan sobreviven. Sólo los que entienden el mundo en el que viven y deciden cómo quieren vivir en él son los que pueden alcanzar el bienestar.
Groucho Marx decía “estos son mis principios, si no les gustan, puedo cambiarlos por otros”. Esta idea sarcástica esconde una verdad quizás no tan extrema, y es que no somos los mismos desde que nacemos hasta que morimos. Nuestra identidad no es un vestido que llevamos de pequeños y que no podemos cambiar. Saber quién es uno, es también tener la capacidad de ser flexible y de cambiar aquello de nosotros que ya no nos vale para seguir adelante con nuestra vida. Las personas más comprensivas y adaptables son las que viven con menos dosis de sufrimiento. Porque el mundo no es rígido, ni estático. No lo seamos nosotros. Seamos valientes para mirarnos dentro y analizar en qué estamos equivocados, cuáles son los principios que estamos cambiando, quién queremos ser en este momento de nuestras vidas. Muchas veces se refleja en algo tan simple como un corte de pelo, un cambio en la forma de vestir, alguna afición nueva que queremos cultivar, o algo que siempre deseamos hacer y siempre posponemos para otro momento.
La cuestión es renovarse. Cada uno que encuentre la manera, la suya propia. Pero no nos encerremos en querer ser siempre absolutamente iguales. Mantengamos nuestra esencia, pero aprendiendo de la vida y dejando que eso nos moldee y nos transforme. Porque eso nos hará más felices. Porque eso nos hará más inteligentes. Porque la vida es cambiar, crecer, fluir.

Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos”
(Pablo Neruda, 20 poemas de amor y una canción desesperada)

lunes, 5 de noviembre de 2012

¡TENGO UN PÁLPITO!


Cuántas veces no habremos oído esa frase...que a veces también se expresa como “tengo una corazonada”, “tengo una intuición”, y no sabemos muy bien a qué nos referimos cuando decimos eso; es algo que nos resulta difícil de explicar, pero frecuentemente se trata de una sensación, una certeza fuerte que más que pensarla, notamos que sentimos y a menudo localizamos en el corazón. Se origina una sensación física fuerte que podría parecernos un brinco, un nudo en el estómago, las famosas mariposas…sensaciones reales a las que, por desgracia, no solemos prestar atención.

Todo lo que no haya sido pasado por el filtro del razonamiento consciente en las últimas décadas se nos ha antojado como poco “serio”, poco científico, fruto del azar o de otras emociones a las que no había que prestar atención a la hora de tomar decisiones.

Por eso mismo, me encantó leer el otro día a un neurólogo llamado Robert K.Cooper, que en su libro “El otro 90 por ciento”, expone una más que interesante teoría: no tenemos un cerebro, ¡sino tres! Los llamados segundo y tercer cerebro estarían ubicados en los intestinos y en el corazón, respectivamente. Es decir, en el corazón hay cerebro, existen de hecho 40.000 células nerviosas unidas a una compleja red de neurotransmisores, y genera un campo electromagnético 5000 veces superior al que genera el cerebro. De esta manera, nuestras corazonadas están basadas en el análisis que hacemos de lo que nos rodea, aunque éste no sea consciente. Este tercer cerebro, de hecho, estaría más abierto a la vida y sería de donde nacen el ingenio, la iniciativa y la intuición. Asi que si no concedemos un momento para observarnos y dejarnos llevar por estas señales, estamos probablemente perdiendo una información valiosísima para saber cómo conducir nuestra vida.

Qué poco acostumbrados estamos a escucharnos, interiormente, físicamente. Intentemos escuchar qué nos dice nuestro corazón, nuestras vísceras. Parémonos cuando sintamos mariposas, reflexionemos cuando una fuerte intuición se nos agarre al pecho haciendo que nos cueste respirar. Porque quizás, ahí mismo, radica nuestra verdad.



SER VALIENTE NO ES SÓLO CUESTIÓN DE SUERTE



La suerte es algo que nos ha preocupado a los seres humanos desde tiempos remotos...todos sabemos algunas de las supersticiones más populares, como cruzarse al ver un gato negro o no querer pasar por debajo de una escalera, todo con el puro objetivo de espantar a la famosa mala suerte y que no se nos arruine el día. A niveles más cotidianos, seguro que
 muchos habéis usado un mismo bolígrafo para unos exámenes y os habéis puesto esa camisa para una entrevista de trabajo “que siempre me da suerte”.

¿Existe realmente la buena o la mala suerte? ¿Es tan decisiva en nuestra vida como pensamos? ¿Realmente tenemos tan poca capacidad de influencia en nuestras propias circunstancias? 

En psicología la creencia en todas estas supersticiones se le denomina “pensamiento mágico”, que es cuando nuestros razonamientos están determinados por fenómenos pertenecientes al mundo de las tradiciones, a la imaginación o a la magia, sin haber comprobación empírica. Estos fenómenos siempre tienen la forma de causa-consecuencia (nos sirve el ejemplo de las supersticiones: “si rompo un espejo, entonces tendré siete años de mala suerte”) 

Con independencia de la libertad de creer en lo que uno quiera, el principal problema de creer en que la suerte determina nuestra vida, es que dejamos de pensar en que somos los reales protagonistas de la misma. Y cuando no nos sentimos protagonistas de la película de nuestra vida, empezamos a sentirnos mal. Ciertamente hay hechos que se escapan a nuestro dominio y que no obedecen a otra razón que el puro azar. Pero ciertamente también, la suerte la puede crear uno mismo con su actitud vital y con las circunstancias que vaya creando a su paso. No hay nada más poderoso que lo que creemos sobre nosotros mismos. 

Imaginemos cómo se comporta una persona que crea absolutamente que es el popularmente conocido como “gafe”. Pensemos en la poca confianza que tendrá en sus posibilidades, en asumir riesgos, en tomar decisiones. Si tienes mala suerte, es una especie de condena divina, nada nunca saldrá bien, por algo que, además, no puedes modificar. Imaginemos ahora cómo sería esa misma persona si creyera firmemente que la suerte le acompaña. ¿No tendría más valentía y seguridad si pensara que él crea las circunstancias? ¿No afrontaría lo que le fuera sucediendo con mayor optimismo y energía?

Las personas que asumen decisiones, que calculan riesgos y los corren cuando consideran necesario, son valientes. Pero no tienen mejor o peor suerte. Simplemente creen que es posible. Más allá de invertir esfuerzos y tiempo en pensar lo poco afortunados que somos, pensemos qué debería cambiar en nuestra vida para ser más felices, y qué podemos hacer por ello. Porque ser valiente no es sólo cuestión de suerte...

¡Feliz lunes!!




MI PRIMER DÍA


¿Quién no recuerda el primer día que llegó al colegio? A lo mejor no con nitidez, pero uno siempre recuerda las primeras veces y las emociones, positivas y negativas, que nos pudieron acompañar, quién estaba con nosotros, dónde era...yo recuerdo haber llenado mi mochila de lápices y cuadernos que no tenía por qué usar. Recuerdo que mis hermanas mayores intentaron disuadirme de que no fuera cargada como una mula, pero a mí me hacía tanta ilusión empezar esa nueva etapa...

Ojalá pudiéramos ser como niños toda la vida y emprender los nuevos caminos con una mochila de lápices en la que sólo hubiera cabida para la ilusión. A veces los mayores nos enredamos y empezamos a añadir miedos: miedo al fracaso, miedo a la pérdida, miedo a la decisión incorrecta...y no disfrutamos de ese primer momento, ese momento que es único y que marca algo diferente, mejor o peor, pero una nueva vivencia, un aprendizaje, algo que experimentaremos y que nos moldeará y cambiará personalmente.

Yo hoy comienzo una aventura, ¡que es escribir este blog! Unido a mi nuevo proyecto, mi despacho, que ahora mismo es un bebé llorón que todavía no sabe cómo empezará a andar...pero quiero cerrar los ojos y llenarme de ilusión infantil, y pensar en lo bueno que es que nuestra vida no sea siempre la misma y podamos tomar nuevas direcciones, vivirlas, sentirlas, volver atrás y empezar a andar ese mismo camino si es oportuno, explorar otros...

Hoy quiero compartir con vosotros esta nueva aventura, este espacio que se me antoja como una cafetería virtual en la que expresar nuestras opiniones, y en el que intentaré aportaros algo sobre la psicología, sobre aquellos aspectos de la vida humana que todos vivimos y que tanto nos importan... espero sirva para que podamos compartir y aprender juntos...


¡brindemos por los primeros días!